Miles de mascarillas en el mar

Residuos Por: Enrique Bach 30 de abril de 2020
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Leo, y me llevo las manos a la cabeza, que han comenzado a aparecer cientos de miles de mascarillas quirúrgicas en las alcantarillas, desagües e incluso en playas, empujadas a la orilla por el mar. Millones de miles de mascarillas, que por inquietantes vías, han acabado en los océanos y estos las han ido llevando hacia las playas en repugnantes bolas.

Las primeras de estas pelotas, altamente contaminadas, han aparecido en las islas del Soko y en Hong Kong. Una ciudad de siete millones y medio de habitantes, en la que se han distribuido mascarillas de un solo uso, lógicamente en una cantidad que debe estar entre los trecientos y los quinientos millones. Digo yo.

También comienzan a aparecer en toda Europa, bolas de mascarillas arrojadas a las alcantarillas o a los retretes de las casas, que se enredan en los aliviaderos de los edificios, como anuncio de una nueva contaminación, cuyos primeros síntomas ya están apareciendo, lo que me hace pensar en que, más allá de los héroes de bata blanca, trabajadores de la sanidad, hay otros de los que nadie se acuerda, héroes invisibles como los barrenderos y los basureros, que cada noche recogen los desechos, bolsas de basuras, cubos y contenedores repletos de materiales contaminados contaminantes, respecto a los cuales no se ha hecho previsión alguna.

Personal de la limpieza pública, que trabajan en el corazón del riesgo, como lo hacen los dentistas, pues una cosa es atender a los enfermos hospitalizados, y otra trabajar directamente en el vórtice de la contaminación como es la boca, las encías y las salivas de los infectados.

En estas semanas en las que la mayoría de las madres han aprendido, además, a ser peluqueras al ir cortando el pelo a todos los miembros de la familia, me acuerdo también de los peluqueros/as y su arte de despiojar, y a las tiendas de ropa, ¿quién se comprará una prensa que se han probado cinco clientes antes? Y otros oficios ignorados en los aplausos vespertinos dedicados a seres admirables a los que tanto debemos.

Mientras, las mascarillas empiezan a embozar tuberías. En España se han comprado, vendido, o regalado millones y millones de ellas, como ha sucedido en Francia, en Italia, en Alemania, en el reino Unido, en toda Europa y en todo el mundo. Millones hasta el desvarío, millones de antifaces de colores, la mayor parte de los cuales tras una o muy pocas utilizaciones, deben ser tirados al primer sitio que se le ocurra al vecino, porque no hay instrucciones específicas sobre qué hacer con ellas una vez usadas, ni tampoco en esto, las autoridades que gestionan nuestra vida, han previsto un lugar en el que depositarlas para luego ser incineradas, picadas, enterradas o volatilizadas por el procedimiento que se considere más adecuado.

Es la epidemia de la epidemia

Este tipo de males, estas pandemias, se reproducen cada siglo, porque el planeta las utiliza para limpiarse y despiojarse, para ahorrar contaminación y poner las cosas en su sitio. Las últimas han sucedido, todas ellas, al principio del nuevo siglo y con un patrón de comportamiento. En 1816, año bisiesto, el año 16 del siglo XIX, se produjo el Año sin Verano, que se llevó, primero, a más de cien mil muertes directas cuando entraron en erupción el volcán Mayon y el monte Tabora, cuyas cenizas se hicieron notar a 700 kilómetros a la redonda, arrasando cosechas, cenizas que bloquearon la luz y produjeron una hambruna de meses que acabó con la vida de cientos de miles de seres humanos.

Un siglo y dos años después, en 1918, el año 18 del siglo XX, se produjo la mal llamada Gripe Española, que mató a 400 millones de personas, y un siglo después en 2020, de nuevo año bisiesto, el año 20 del siglo XXI, el corona virus, con un balance letal que aún no puedo cuantificar, pero va por miles y miles, pese a los avances científicos, y los avances en comunicación que permiten dar instrucciones a todo el planeta. La próxima será en el año 3022, si es que la repugnante invasión de mascarillas y sus incalculables consecuencias lo permiten.

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