
¿Por qué el mapa se calienta de forma tan desigual?
Marcos Bach

El acelerado aumento de las temperaturas es un fenómeno que afecta al planeta entero desde los polos hasta los desiertos, sin embargo el calentamiento no es homogéneo, el hemisferio norte sea a calentado más que el otro. La explicación se encuentra en una respuesta es puramente física: En el hemisferio norte hay más tierra que océanos.
En perspectiva, en esta porción del Mundo es aproximadamente 39% tierra (representado entre 67% y 68% de la superficie del planeta), mientras que un 60% de superficie oceánica. En contraposición, el Sur es 19% tierra y 80% océanos.
Parte de la explicación es que el suelo se calienta y se enfría más rápido que el agua, tampoco mezcla el calor y lo retiene en la superficie. Caso contrario al agua, necesita muchísima más energía que la tierra para subir la temperatura; además los océanos mezclan el calor de la superficie enviándolo hacia las profundidades. Concluyendo que, entre más masa terrestre, mayor es la concentración de calor.
Como explicamos en el artículo sobre Climate Risk Index, el calentamiento desigual afecta directamente en la frecuencia y magnitud de los eventos meteorológicos en el regiones del Norte, como verano récords en Europa o sequías en el Sahel.
Estos datos son obtenidos por la NASA y la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administrastion) que muestra que en la última década el hemisferio Norte se ha calentado entre 0,4° C y 0,5°C más que el Sur (en comparación con sus respectivas medidas históricas del siglo pasado).
¿Dónde se cocina el problema?
La tierra no se calienta únicamente en el hemisferio Norte porque es dispareja la cantidad de tierra y agua, hay que incluir la responsabilidad política y el legado: Este hemisferio ha sido históricamente donde los mayores emisores de GEI (Gases de Efecto Invernadero) se encuentran EE. UU, China, Europa y Rusia.
Los gases emitidos no desaparecerán de la noche a la mañana, por ejemplo, dióxido de carbono puede permanecer en la atmosfera entre 300 y 1000 años. El calentamiento que vivimos hoy es por el humo de la revolución industrial en Europa, las fábricas del cinturón de óxido en EE.UU y el crecimiento de China en los últimos 30 años. El dato duro es que el hemisferio Norte es responsable de más del 90% de las emisiones acumuladas de CO2 desde 1750.
Otros daños atmosféricos causados de este hemisferio son el hollín (Carbono negro) y los aerosoles: El primero genera una capa negra que absorbe más radiación solar y por lo tanto más calor; los segundo genera el esmog que afecta la salud de la población y la biodiversidad.
Como el humo en cualquier cocina, en este caso viaja hacia el Sur: En gran medida, este hemisferio actúa como el purificador pasivo del Norte. Los océanos sureños absorben la gran cantidad de exceso de calor antropogénico.
Un "as bajo la manga"
El Hemisferio Norte tiene un aliado que se está volviendo en su contra: el Ártico. A medida que el Norte se calienta por tener más tierra, el hielo marino se derrite. El hielo (blanco) refleja la luz solar hacia el espacio; el agua oscura que queda debajo la absorbe. Esto crea un círculo vicioso llamado Amplificación Ártica: el Norte se calienta hasta tres veces más rápido que el resto del planeta porque está perdiendo su "espejo" protector.
Tras analizar la física y la política de nuestro planeta, llegamos a la gran paradoja de nuestra época: el Hemisferio Norte aumenta la fiebre todos, es el Hemisferio Sur quien "sudar" la enfermedad. Esta ironía geográfica se explica porque el Norte, con su vasta masa terrestre y su pesado legado de chimeneas industriales, marca hoy las temperaturas más altas del termómetro global, mientras que los sobre exigidos océanos del Sur realizan el trabajo sucio de absorber la gran mayoría del exceso de calor antropogénico. Como revela el Índice de Riesgo Climático de Germanwatch, nos enfrentamos a una vulnerabilidad invertida: mientras el Norte se calienta más rápido, pero cuenta con el capital para defenderse y reponerse, el Sur actúa como un aire acondicionado gratuito para un modelo económico donde participa poco, sufriendo impactos devastadores y sin por recuperarse en el corto ni media plazo. En un planeta sin fronteras térmicas reales, entender este desbalance deja de ser un ejercicio de curiosidad científica para convertirse en un llamado urgente a la responsabilidad histórica: el Norte debe liderar la reducción de emisiones no solo porque su termómetro esté en rojo, sino porque el margen de maniobra que nos brindaba el "colchón" oceánico del Sur se está agotando.




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