La nueva forma de morir: se ponen de moda los entierros 'verdes'

A medida que tomamos más conciencia del impacto del ser humano en el medio ambiente, la 'muerte ecológica' está ganando terreno, aunque aún queda mucho por hacer

Noticias Generales 07 de abril de 2021
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¿Qué es exactamente un entierro 'verde'? Si no has oído hablar aún de esta práctica, que no te resulte tan extraño. La mayoría piensa que la cremación es la opción más ecológica, según un pequeño estudio realizado en Lawrence, Arkansas (EEUU) y que recogió la revista 'Mortality'. Pero la incineración en los crematorios queda lejos de encontrarse entre las opciones más 'verdes'. En este procedimiento se emplean unos 100 litros de combustible y se emiten alrededor de 250 kilogramos de dióxido de carbono a la atmósfera. Son muchas toneladas al cabo de un año.

Un entierro con cero impacto en el medio ambiente

Los entierros 'verdes' no emplean bóvedas de cemento para almacenar los cadáveres; ni tampoco embalsaman los cuerpos para evitar que se corrompan; ni utilizan pesticidas o fertilizantes en las tumbas. Los cuerpos se entierran a menos de un metro de profundidad –para ayudar a la descomposición– en un recipiente similar a un ataúd de madera pero completamente biodegradable. Esta opción, cada vez más en tendencia, es más respetuosa con el medio ambiente y recuerda a cómo se realizaban los entierros antes de la invención de la industria funeraria moderna.

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 Este tipo de enterramiento busca mejorar la forma de entierro y cremación tradicionales reduciendo los gases de efecto invernadero en el proceso y protegiendo los hábitats naturales, ya que, por ejemplo, el proceso de embalsamamiento –que se realiza para conservar el cuerpo en buen estado, sobre todo en el caso de organizar un velatorio para despedirse del difunto– puede provocar la filtración de ciertas sustancias químicas nocivas al entorno. Los entierros en ataúdes también evitan que un cadáver se descomponga de manera eficiente, y este lento proceso de descomposición favorece la aparición de bacterias amantes del azufre que pueden dañar las fuentes de agua cercanas.

Por otra parte, la incineración también es un proceso contaminante, pues cuando se procede a la quema del ataúd se expulsan sustancias tóxicas que van a parar al aire (de barnices, adornos, textiles...): los crematorios liberan químicos como dioxinas, dióxido de carbono y mercurio a la atmósfera.

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 Ni siquiera la colocación de una lápida o tumba está cerca de ser considerada una opción ecológica. Las lápidas tienen un coste medioambiental relativo a su transporte, pues la mayoría son importadas de países tan lejanos como África del Sur o China. En cuanto a las tumbas, aunque cavar un agujero no tiene, en sí mismo, ningún impacto, sí que lo tiene la preparación de la cava mortuoria creada con cemento y hormigón que implica cocer la piedra caliza y la arcilla a más de 1.450 ºC, lo que consume una cantidad significativa de energía que se suma al dióxido de carbono en la atmósfera. Además, la fabricación y transporte de ataúdes requieren igualmente de cantidades asombrosas de energía. Es hora del cambio.

La opción menos contaminante...

A muchos les parecerá un tema morboso, pero minimizar el impacto del cuerpo humano en la Tierra no es un asunto baladí. Planificar el destino de nuestro organismo una vez hayamos fallecido podría ser fundamental para aliviar la presión ambiental de cara a las generaciones futuras.

 En países como Francia, ya existen 'cementerios verdes' en la capital, París, como parte de su compromiso de convertirse en carbono neutral de aquí a 2050. Concretamente, el cementerio de Ivry-sur-Seine cuenta con más de 1.500 metros cuadrados donde la inhumación se lleva a cabo con ataúdes de madera sin tratar (de castaño, roble...), cartón u otro tipo de materiales biodegradables. La zona está rodeada de arbustos y prados naturales, y para el mantenimiento de los jardines no se aplican ni plaguicidas ni fertilizantes químicos. Está terminantemente prohibido que el difunto reciba atención tanatopráctica y en vez de lápidas se colocan estelas de madera de especies locales.

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Pero no es el único. Italia cuenta desde 2003 con la compañía Capsula Mundi con similar objetivo: ofrecen un servicio de fundas biodegradables en forma de huevo donde se instala a los difuntos para ser enterrados como "una semilla en la Tierra". Para conmemorar el ciclo de la vida, se coloca un árbol sobre el punto de enterramiento, que sirve "como monumento para los fallecidos y como un legado para la posteridad y el futuro de nuestro planeta", según cita la empresa.

...y más apta para el bolsillo

¿Existen opciones de entierros verdes en España? Teniendo en cuenta que morirse en España no es nada barato (unos 3.500 euros de media), no es de extrañar que el sector se haya abierto camino en nuestro país con empresas como RestGreen, cuyos ataúdes ecológicos (hechos de cartón) representan la opción más sostenible. También disponen de ataúdes para incineración que no llevan barniz y tardan la mitad de tiempo en ser reducidos a cenizas. ¿Su coste? El entierro cuesta unos 600 euros y el servicio funerario básico, unos 1.600 euros.

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 La preferencia por el entierro verde es pequeña pero creciente y cada vez hay más opciones comerciales disponibles. Todas estas iniciativas muestran una creciente conciencia (y preocupación ante la huella ecológica en la vida y en la muerte) de que las opciones de servicios mortuorios pueden tener un impacto positivo en los ecosistemas en vez de negativo.

Fuente: El Confidencial (.com)

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