
A 10 años del Acuerdo de París: el día que el mundo selló su mayor compromiso ambiental
Marcos Bach

El 12 de diciembre de 2015 se selló el Acuerdo de París, un giro decisivo en la política climática mundial. A cinco años, queda claro que no alcanza con metas técnicas: la justicia climática reclama que las medidas prioricen la protección de derechos, la equidad y la reparación de quienes menos contribuyeron al problema.
En las negociaciones se logró incluir una cláusula relevante sobre derechos humanos, consignada de forma explícita en el texto del acuerdo: “respetar, promover y tener en cuenta sus respectivas obligaciones relativas a los derechos humanos, el derecho a la salud, los derechos de los pueblos indígenas, las comunidades campesinas y rurales, los migrantes, los niños y las niñas, las personas en condición de discapacidad y las personas en situaciones vulnerables y el derecho al desarrollo, así como la igualdad de género, el empoderamiento de las mujeres y la equidad intergeneracional”.
Impactos y desigualdades
La crisis climática ya se traduce en eventos extremos que golpean a poblaciones enteras: huracanes y tormentas en Nicaragua, Guatemala, México y el Caribe; inundaciones en el Sur de Asia; sequías en el norte de México; y incendios en la Amazonía, California y Australia. En todos los casos, las pérdidas recaen sobre quienes menos recursos tienen para recuperarse.
Estas asimetrías exigen responsabilidades claras de Estados y empresas, con criterios de equidad que son consustanciales a los derechos humanos. Como señalan análisis internacionales, “la equidad es un pilar fundamental para abordar los modos de vida (pues) las emisiones del 1% más rico de la población mundial equivalen a más del doble de la suma de las emisiones del 50% más pobre”; reconocerlo supone rediseñar políticas.
La discusión técnica sobre toneladas y hectáreas no puede desplazar a las personas. La ciencia y organismos como el IPCC subrayan la importancia de incorporar conocimiento ancestral y de priorizar justicia social para soluciones duraderas. Ese enfoque ampliaría la ambición y mejoraría la calidad de las medidas adoptadas.
Urgencia de cumplimiento
El informe sobre la brecha de emisiones 2020 del UNEP mostró una caída temporal vinculada a la pandemia, pero el rumbo de fondo sigue siendo insuficiente. Pese a la crisis sanitaria, muchos países de América Latina siguen apoyando a los combustibles fósiles como pilar de recuperación, una estrategia que choca con las metas del Acuerdo de París y con obligaciones en materia de derechos.
Si no se traduce la letra del acuerdo en políticas concretas y respetuosas de derechos, las desigualdades se profundizarán y aumentarán los reclamos judiciales y sociales. Describen en Radio Mitre, liderar implica poner a las personas y comunidades en el centro de la respuesta climática y exigir transparencia, reparación y participación efectiva.
La justicia climática no es sólo un principio: es una hoja de ruta para que la acción climática sea legítima y eficaz. Cinco años después, es momento de exigir cumplimiento, elevar la ambición y asegurar que nadie quede afuera.




El impacto ambiental de la inteligencia artificial: emisiones de CO₂, consumo de agua y responsabilidad climática

Cómo evitar ingerir los microplásticos que se encuentran en tu cocina

Brasil fortalece su capacidad de respuesta humanitaria y ambiental

Bosques: la importancia de generar conocimiento para su manejo y conservación

Hasta Naciones Unidas advierte: modificar la Ley de Glaciares pone en riesgo a comunidades y ciudades

¿Qué es el "Super el Niño"? un fenómeno que podría transformar el clima global y el régimen de lluvias en Sudamérica



