¿Pueden las semillas plantadas por drones generar nuevos bosques?

Una empresa emergente en España es una de las muchas que apuestan por esa posibilidad en todo el mundo

Arbolado 12 de noviembre de 2021
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Mientras los incendios forestales asolaban el Cerro de Monserrate, en Colombia, en 2015, Juan Carlos Sesma, un consultor español de comercio minorista que trabaja en Bogotá, empezó a pensar en reforestar el planeta.

Con experiencia en la mejora de sistemas para cadenas de restaurantes, supermercados y para las grandes tiendas El Corte Inglés, imaginó que sus conocimientos podrían aplicarse a la tarea de revertir la deforestación.

"Sabía que si la reforestación podía ser eficiente y rentable, el mundo tendría muchos más árboles", dice.


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Juan Carlos Sesma, cofundador de CO2 Revolution, en Madrid.


En su tiempo libre, compró una caja de semillas del árbol Empress -una especie de rápido crecimiento, capaz de alcanzar los seis metros en un año- y voló de vuelta a su ciudad natal en España, decidido a aprender a plantar árboles y a poner en práctica su idea.

Sesma, de 38 años, forma parte de un grupo cada vez más numeroso de ciudadanos del mundo que no sólo se preocupan por el futuro del planeta, sino que intentan encontrar soluciones innovadoras para salvarlo.

Gracias en parte a la influencia de la joven activista medioambiental Greta Thunberg y a iniciativas como el Premio Earthshot del Príncipe Guillermo, están recibiendo más atención.

Pero no siempre fue así.

Al principio, sólo una persona creía en el proyecto de Sesma:


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Un dron equipado para dispersar semillas especialmente recubiertas para mejorar su capacidad de arraigo. 



un monje cisterciense que cuida los huertos del Monasterio de la Oliva, cerca de la casa familiar de Sesma.

Una mañana reciente, Fray Enrique Carrasco, de 83 años, empujaba una carretilla alrededor del huerto del monasterio.

Vestido con un mameluco azul en lugar de una sotana, explicó cómo había enseñado a Sesma a cultivar y plantar sus semillas colombianas en un campo que estaba en barbecho dentro del recinto del monasterio.


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Una investigadora durante el proceso de desarrollo de semillas que arraigan y crecen rápidamente, cerca de Palencia, España,


Juntos, Sesma y Carrasco vieron cómo las semillas se convertían en arbolitos y luego en árboles tan altos que la Agencia Estatal de Meteorología española se quejó de que hacían sombra a una estación meteorológica cercana.

Había otro problema.

Las semillas eran una especie demasiado invasiva para ser compatible con los sueños de Sesma de una reforestación biodiversa.

Pero no se desanimó.

Despegue

Ahora, la empresa de 3 años que cofundó, CO2 Revolution, está utilizando el análisis de grandes datos y una sofisticada tecnología de drones para esparcir -sobre un terreno deforestado inaccesible- millones de semillas mejoradas en laboratorio de árboles autóctonos de los bosques españoles y adecuados para recrear los ecosistemas perdidos.

Es un reto.

Según el Ministerio para la Transición Ecológica, 95.000 hectáreas de bosques -casi el 0,35% de la superficie total de España- son devastadas por más de 11.000 incendios forestales cada año.

Los métodos tradicionales de reforestación son lentos y costosos porque las zonas siniestradas suelen ser inaccesibles o inhóspitas para la maquinaria.

Dado que los gobiernos de todo el mundo se han fijado el objetivo de llegar a cero -es decir, equilibrar las emisiones con la eliminación de gases de efecto invernadero- para 2050, los bosques serán el centro de los debates de la cumbre del clima COP26 que se celebrará en Glasgow (Escocia) en los próximos días.

Marc Palahí, director general del Instituto Forestal Europeo, espera que las conversaciones se centren en las políticas para aumentar la reforestación mundial atrayendo inversiones en una nueva bioeconomía.

En su opinión, los productos madereros producidos de forma sostenible -como los biofármacos, los biotextiles y los materiales de construcción- podrían proporcionar oportunidades de negocio y puestos de trabajo por valor de más de un billón de dólares.

En una entrevista telefónica, estuvo de acuerdo en que "los drones son una gran ayuda en zonas remotas".

Pero la clave para alcanzar los objetivos mundiales de reforestación, dijo, es la gestión sostenible de los bosques.

"Plantar árboles no es tan difícil como gestionarlos durante las próximas décadas", dijo Palahí.

Cuando Sesma y su cofundador Javier Sánchez crearon CO2 Revolution en febrero de 2018, su objetivo era bastante sencillo: plantar árboles para eliminar el dióxido de carbono de la atmósfera.

La empresa tiene tres líneas de negocio.

Ofrece servicios de consultoría a las empresas interesadas en medir y reducir sus emisiones.

Intercambio

Los clientes también pueden mitigar su huella de carbono contratando a CO2 Revolution para plantar en tierras degradadas, utilizando una mezcla de maquinaria moderna y métodos tradicionales y a menudo implicando a las comunidades locales.

En la tercera línea de negocio, más revolucionaria y desafiante a la vez, CO2 Revolution siembra bosques enteros con tecnología rentable de drones.

Luego vende créditos de carbono.

Las cosas se movieron lentamente al principio.

Sánchez, de 33 años, que dejó su trabajo como director de ventas en una empresa alemana de supermercados para unir fuerzas con Sesma, dijo: "Era una idea tan innovadora que la gente la veía como algo surrealista".

Durante esos primeros meses, los emprendedores se reunían en cafés y volcaban sus ahorros en su empresa.

Contrataron maquinaria para encapsular semillas con nutrientes para ayudarlas a germinar.

Equiparon drones con dispensadores hechos a medida.

Y buscaron los permisos de los propietarios de las tierras y de las autoridades españolas para sembrar.

Pero en su primer intento de reforestación aérea, sólo un pequeño porcentaje de las semillas echó raíces:

Algunas cayeron sobre las piedras, otras rodaron ladera abajo y las que anidaron en el suelo fueron devoradas por ratones y conejos.

Aun así, se hizo notar.

En octubre de 2018, CO2 Revolution fue nombrada una de las 100 mejores startups del mundo en un concurso organizado por la plataforma de innovación South Summit.

Poco después, CO2 Revolution consiguió su primer gran cliente, la multinacional LG Electronics Iberia, que les contrató para sembrar árboles en terrenos quemados a las afueras de Madrid.

También se firmó un acuerdo para utilizar la tecnología de las pantallas de LG para mejorar la precisión del vuelo de los drones.

La lista de clientes empezó a crecer y se atrajeron inversores, como el Gobierno de Navarra.

Sesma y Sánchez incorporaron un grupo de microbiólogos, ingenieros y programadores de software cuidadosamente seleccionados.

Una mañana reciente, en su laboratorio bañado por el sol en el centro de España, un ingeniero forestal, Jaime Olaizola, señaló una pila de platos de plástico con muestras de semillas de pino y cedro.

Olaizola, de 47 años, especializado en la investigación de los microorganismos del suelo, explicó que las semillas, a las que llama iseeds, están diseñadas para anticiparse a los problemas que encontrarán cuando se suelten en la naturaleza.

Su recubrimiento de arcilla es la clave.

Contiene una potente mezcla: extractos de plantas para disuadir a los roedores; hidrogel seco para retener la humedad; hongos para aumentar las defensas; y trufa de Bohemia para captar nutrientes y estimular el desarrollo de las raíces.

Una vez que las semillas se convierten en plántulas, la fotosíntesis se pone en marcha y la naturaleza toma el control.

Andrew Heald, director de NGPTA, una empresa de restauración forestal, se muestra cauteloso.

Está de acuerdo en que, aunque los drones pueden reforestar el planeta más rápido que los humanos, hay que esparcir muchas semillas para que una sola germine.

Olaizola reconoce la preocupación, pero dice:

"Si el 10% echa raíces, es un éxito".

Su expectativa, basada en los experimentos realizados en su laboratorio, es que el 50% de las semillas sembradas por aire este año se conviertan en árboles.

No lo sabrá con certeza hasta que termine la temporada de siembra de noviembre a abril.

Han surgido iniciativas similares en todo el mundo.

Una empresa canadiense, Flash Forest, ha desarrollado un dispositivo mecánico que dispara vainas de semillas desde drones a la profundidad del suelo.

En Australia, Dendra Systems utiliza técnicas de siembra aérea para restaurar los bosques de koalas.

La empresa de Stéphane Hallaire con sede en París, Reforest'Action, ha utilizado herramientas rudimentarias -palas y picos- para plantar 17 millones de árboles en 40 países durante la última década.

Hallaire afirmó que el uso de drones es un método viable para capturar CO2 en países con grandes áreas despobladas, como Canadá o China.

Pero se mostró partidario de implicar a las comunidades locales y capacitar a una nueva generación de empresarios para desarrollar una forma más sostenible de reforestación.

"Los árboles tienen que mejorar las condiciones de vida de la gente para que no se corten", dijo.

En consonancia con el compromiso de la Unión Europea de plantar 3.000 millones de árboles más en sus Estados miembros antes de 2030, Sesma y Sánchez dijeron que se darían por satisfechos cuando se plantara un árbol más por cada persona del planeta, cada año.

Un objetivo ambicioso pero, según Sánchez, no inalcanzable: "Con tecnologías como la nuestra, es posible".

No es una producción propia, la fuente es el Diario Clarín (Argentina)

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