Enrique Lluch: "Muchas veces ser ecológico es más una fachada que un compromiso por el planeta"

Recuerda que hay muchas empresas que son sostenibles no por convencimiento, sino porque los consumidores lo exigen

Residuos 30 de julio de 2021
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Enrique Lluch Frechina (Almàssera, 1967) es Doctor en Ciencias Económicas y Licenciado en Económicas por la Universitat de Valencia, además de profesor y experto en ética económica y en exclusión. Autor de Por una economía altruista (2010), Una economía que mata (2015) o, más recientemente, Una economía para la esperanza, advierte de los peligros de buscar el máximo beneficio sin preocuparse por el planeta, pero también de subirse al carro de la sostenibilidad únicamente por imagen. Lluch será uno de los profesores del nuevo Máster de Experto en Economía Circular y Desarrollo Sostenible que organiza la Escuela de Unidad Editorial.

Hoy en día, ¿pueden las empresas permitirse no ser sostenibles o, al menos, no dar la imagen de ser sostenibles?

Claro que pueden permitírselo. Y lo hacen; es mucho más habitual de lo que parece. Y además hasta en algunos casos pueden permitirse no dar la imagen de que están siendo sostenibles o, al menos, dar la imagen de que lo están siendo sin serlo. Al final la prioridad de muchas empresas realmente es el beneficio. Es decir, que están están subordinadas a conseguir una tasa de beneficios y eso les lleva a que utilicen aquellos sistemas que creen que son más convenientes para conseguirlo. Y si el sistema que creen más conveniente es sostenible, pues se irán con un sistema que sea sostenible, pero si el sistema que creen más conveniente no es sostenible, lo van a usar. Y con mucha frecuencia estarán utilizando sistemas no sostenibles aunque estarán intentando dar una apariencia de que realmente son sostenibles. Y eso no es difícil de hacer.

¿Y cómo lo hacen?

Lo que hacen es desviar el foco de atención sobre alguna parte que parece que es muy ecológica o muy sostenible, aunque luego estén haciendo por otro lado otras prácticas que no lo son.

Entonces, ¿hasta qué punto hay realmente un compromiso y hasta qué punto hay mucho greenwashing?

En todas las épocas hay unas ideas que están de moda o que parece que aquel que las sigue está en la onda, es moderno. Y en este momento la sostenibilidad y lo verde aparecen como algo importante ante la sociedad. Y está bien, porque yo estoy convencido de que es necesario: soy un convencido de que tenemos que producir de una manera sostenible. Pero, el hecho de que esto venda y que aquellas personas que lo hacen sean consideradas personas que están en el momento hace que muchos quieran seguir eso. La cuestión es ¿estamos ante lo que los chavales llaman postureo? ¿Estamos ante una opción que realmente es una opción superficial y que lo único que pretende es que me vean y que vean que yo estoy haciendo eso o estamos en una postura profunda que realmente está intentando transformar la sociedad?

La sensación es que hay bastante postureo...

Al final las empresas pueden hacer responsabilidad social empresarial o pueden hacer opciones sostenibles por tres principales motivos. El primer motivo es porque les es exigido por sus clientes, por sus proveedores, por aquellos a quienes vende: si tú no eres sostenible, si tú no haces las cosas de determinada manera, no te vamos a comprar. Sería un motivo defensivo; hago esto porque si no voy a perder mercado, voy a perder clientes y ir empresa se va a venir abajo.

Hay un segundo motivo que sería el de la oportunidad. Si somos sostenibles, podemos ganar cuota de mercado, puede haber gente que se venga con nosotros y, por lo tanto, vamos a conseguir más beneficios. Toman esas opciones porque es un camino para conseguir incrementar los beneficios. La primera es defensiva, la segunda es de oportunidad y la tercera es una actitud: son aquellos que toman una actitud sostenible, una actitud responsable, porque están convencidos de ello, porque creen en la función social de la empresa.

¿En qué se diferencian?

En que lo hacen por opción, porque creen que es la manera en la que hay que trabajar. Las dos primeras maneras son totalmente compatibles con lo que sería la opción reduccionista o economicista de la empresa; es decir, aquella que dice que el único objetivo de la empresa es generar beneficios para sus propietarios o accionistas y que, por lo tanto, todo lo que se hace en la empresa se tiene que subordinar al beneficio. Optan por una estrategia defensiva o una estrategia de oportunidad en la cual entra la sostenibilidad para conseguir maximizar beneficios. Pero en el momento en que esas estrategias no sean las más válidas para conseguir incrementar los beneficios o al menos mantenerlos las dejarán a un lado porque su prioridad es otra. Entonces la cuestión es cuántas empresas tenemos en el tercer grupo; cuál es la cantidad que realmente están haciendo eso por opción, independientemente de que eso perjudique un poco los beneficios. Aquellos que estamos trabajando en este tema intentamos conseguir que se incremente el grupo que lo hace por opción y no como una estrategia defensiva o como una estrategia de oportunidad.

Es un poco la idea que defiende en Una economía para la esperanza.

Sí. Al final lo que tenemos que ver es que la sostenibilidad por sí misma no es posible sin un cambio de paradigma económico. En un paradigma económico como el actual (que es un paradigma economicista, que pone la economía en primer lugar), todo lo tenemos que subordinar a los objetivos económicos. Eso, además, se plasma diciendo que el principal objetivo de nuestras sociedades es el crecimiento económico. Tenemos que conseguir crecimiento económico y para ello legitimamos el comportamiento autorreferente de maximizar los beneficios de las empresas y le damos atribuciones divinas al mercado para decir que es el único camino para alcanzar eso. Pues en ese paradigma es muy difícil mantener la sostenibilidad. No podemos estar produciendo más y más con unos recursos que son finitos; no podemos incrementar nuestra producción hasta el infinito, que es al final lo que propugna el paradigma economicista. Es imposible mantener un crecimiento infinito con unos recursos finitos.

En este sentido, ¿al menos podríamos decir que hemos mejorado respecto a como estábamos hace unas décadas? Aunque haya mucho de fachada, las empresas se han visto obligadas a ser más verdes.

Totalmente; ahora votamos con la cartera. Recuerdo que cuando hablábamos a principios de siglo de finanzas éticas, una economía solidaria y verde parecía imposible. Sin embargo, ahora se ha generalizado mucho esto, aunque sea de fachada. Muchas veces el ser ecológico o el intentar buscar sostenibilidad parece más un traje que se ponen las personas para que todo el mundo vea que ellos son así, más que un compromiso por el planeta. Ha habido una mejoría: el consumo responsable ha aumentado, las finanzas éticas han aumentado, la concienciación del medio ambiente ha aumentado. Creo que estamos empezando a llegar a ese punto en el que todo eso nos tiene que llevar a cambiar el paradigma.

¿Cómo?

Vamos a construir una economía que se preocupe más por las personas y que al mismo tiempo sea más sostenible. Y que los objetivos económicos no estén solamente cifrados en producir más entre todos, que es lo que estamos haciendo ahora. Hay muchos signos de esperanza, pero no es suficiente. Podemos estar contentos, hay mucha más concienciación que hace unos años, pero al mismo tiempo tenemos que continuar. Algunos se adaptan y siguen haciendo lo mismo que antes, pero vendiéndolo como si fuera sostenible. Y ese es el peligro que tenemos.

¿Podemos ser optimistas y que las cosas van a cambiar? O, al menos, ¿podemos no ser pesimistas?

La vida, la sociedad, es cambio: no estamos ahora igual que hace cinco años ni que hace diez. Y dentro de un año no vamos a estar igual; las cosas van a ser diferentes. Hay veces que aparecen gurús por ahí que te dicen cómo será la sociedad dentro de unos años. A mí esto no me gusta nada.

¿Por qué?

Porque cuando te dicen cómo será la sociedad, tú estás cogiendo una actitud pasiva ante esas ideas de cómo será la sociedad dentro de unos años. Me fío de lo que me dicen y entonces adapto mi comportamiento a cómo me dicen que será y al adaptar mi comportamiento al final provoco que sea así. Es lo que en economía llamamos expectativas racionales y en psicología se llama profecía autocumplida. Yo creo que no tenemos que esperar que otros nos lo digan ni hacernos la pregunta de cómo creemos que va a ser el mundo dentro de unos años para intentar adaptarnos a eso. Nuestra pregunta no tiene que ser cómo creemos que va a ser, sino cómo queremos que sea para intentar acoplar nuestro comportamiento y que el cambio vaya precisamente en la dirección que nosotros queremos. Y además intentar convencer, sumar, persuadir o seducir a otras personas para que también construyan ese futuro. Si no fuera optimista, yo no estaría haciendo lo que estoy haciendo: podemos dirigir el cambio de la sociedad hacia donde nosotros queramos. Eso no quiere decir que lo consigamos rápidamente, pero que sí que podemos llevar la sociedad hacia ahí.

También es experto en pobreza y exclusión. ¿Puede la sostenibilidad convertirse en un nuevo catalizador que aumente la desigualdad? Por ejemplo, hay zonas de África que son prácticamente el vertedero en las que terminan nuestros dispositivos electrónicos.

Sí, puede pasar. Depende de cómo planteemos la sostenibilidad. Si la planteamos sólo como algo que tenemos que hacer para calmar nuestras conciencias y nos despreocupamos de las personas, puede pasar. Esto pasa mucho en nuestras sociedades, somos sociedades autorreferentes; somos nosotros la referencia de todo. Queremos ser sostenibles para nosotros, porque así nosotros somos los que estamos defendiendo el planeta. Cuando planteamos la sostenibilidad como algo para nosotros o para mí, ¿de quiénes nos olvidamos? De los que menos tienen, de los que peor están. Hacemos una cosa en apariencia muy sostenible, pero sólo para nosotros, para los que podemos hacerlo.

¿Cómo deberíamos plantearlo?

En el cambio de paradigma tenemos que preguntarnos por qué es importante que seamos sostenibles. Cambiamos el paradigma, el objetivo. ¿Qué es lo que nos interesa de la economía? ¿Producir cada vez más y tener más cosas o que todos tengan al menos lo suficiente? ¿Para qué queremos ser sostenibles? Para que todo el mundo pueda llegar a tener una vida digna y para que las personas del futuro también tengan una vida digna. Por lo tanto, pongo la sostenibilidad al servicio de las personas de hoy y al servicio a las personas del futuro. Organizar la economía para que todos tengan al menos lo suficiente para llevar una vida digna. Luego unos tendrán más, otros menos, pero hasta el que menos tenga debe tener una vida digna. Y para eso tengo que ser sostenible, porque no es sólo para hoy, sino también es para las personas del futuro, para nuestros hijos, para nuestros nietos. Estamos metiendo la sostenibilidad en otra manera de ver la economía: ya no es algo para mí, sino que es algo para toda la humanidad. Si yo no encuadro la sostenibilidad en una visión global, holística, de lo que es la tierra, de lo que somos las personas y de lo que es la naturaleza, la sostenibilidad puede generar más desigualdades.

Fuente: El Mundo (.es)

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