
Los árboles pueden ser poderosos aliados en la lucha contra el calentamiento global, porque pueden absorber CO2. Pero plantarlos no es de por sí la única herramienta adecuada para abordar la crisis climática
Con miles de millones de nuevos árboles que actuasen como aspiradoras y terminales de almacenamiento, podríamos neutralizar buena parte de las actuales emisiones mundiales de CO2.
Arbolado28/01/2020En Davos se habló de economía pero también se habló del clima; los dos temas comienzan a ir cada vez más de la mano. Hasta Donald Trump prometió sumar a EEUU a la iniciativa para plantar un billón de árboles lanzada por los organizadores del Foro Económico Mundial. Petroleras y aerolíneas también se subieron a la movida, con la intención de compensar las emisiones de CO2 y luchar contra el cambio climático.
Los árboles son grandes aliados para frenar el calentamiento global, ya que absorben el dióxido de carbono de la atmósfera, uno de los grandes responsables del fenómeno. Se calcula que cada uno de ellos procesa, en promedio, unos 10 kg de CO2 al año. Pero también limpian el aire de otros gases de efecto invernadero como el monóxido de carbono y el dióxido de azufre y producen, en el mismo lapso, hasta 130 kg de oxígeno.
Además están presentes en cada una de las rutinas que mantienen la salud del planeta. En pocos días un árbol grande puede tomar unos 370 litros de agua del suelo y recoger en sus hojas los restos de la lluvia. Una masa colosal que luego se evaporará y será vital para generar nuevas precipitaciones en otras regiones.
Alrededor de 3 billones de árboles pueblan la Tierra, según determinaron científicos de la Universidad de Yale hace un lustro. La cifra, que a simple vista, puede parecer enorme, encierra al mismo tiempo un hallazgo agridulce: de acuerdo a los expertos, ya perecieron casi la mitad de todos los ejemplares que existieron alguna vez.
Con miles de millones de árboles nuevos que actuasen como aspiradoras y terminales de almacenamiento, podríamos neutralizar buena parte de las actuales emisiones mundiales de CO2 y ganar un tiempo valioso de cara al objetivo de limitar el aumento de la temperatura terrestre por debajo de los 2° respecto a niveles preindustriales. Por eso no es de extrañar que las ideas para restituir árboles prosperen a nivel global.
Hay varias iniciativas en la misma dirección. Plant for the Planet, fundada por un chico de 9 años, se propuso que niños en todo el mundo podrían plantar un millón de árboles. Trillion Trees es una potente colaboración entre tres de las organizaciones de conservación más grandes del mundo: BirdLife, Wildlife Conservation Society (WCS) y World Wide Fund for Nature (WWF), y se dedica a conectar a inversores ambientales con empresas de conservación.
Muy similar a la plataforma lanzada en Davos, 1t.org, y su proyecto de garantizar la restauración de un billón de árboles en esta década. Y emparentada también con el programa de Naciones Unidas “Restauración del Ecosistema 2021-2030”, cuyo objetivo es revertir siglos de daño a los bosques, humedales y otros ecosistemas. Pero no se trata solo de plantar árboles.
“La reforestación es una de las muchas actividades que se pueden realizar para restaurar paisajes, pero no es la única. Lo que promovemos es la restauración de paisajes forestales y de paisajes con cobertura de árboles”, explicó Adriana Vidal, Senior Forest Policy Officer de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), en diálogo con Ámbito.
La restauración de paisajes forestales tiene como objetivo recobrar la integridad ecológica y, al mismo tiempo, mejorar las condiciones de las personas que habitan en terrenos deforestados o degradados. Ello implica restaurar “hacia adelante”, con la finalidad de planear usos de la tierra sostenibles en el tiempo. En ese sentido, restaurar bosques es mucho más que plantar árboles y puede comprender bosques de regeneración natural, agroforestería, silvopasturalismo, manglares y reservas de protección de vida silvestre.
Además se desarrolla en conjunto con comunidades locales y otros actores. “Es muy importante que los proyectos respondan a las necesidades de las personas y también de los ecosistemas de los que las personas dependen”, afirmó la especialista.
La IUCN lanzó en 2011, junto al gobierno alemán, el Bonn Challenge, que se propuso restaurar 150 millones de hectáreas de bosques degradados y deforestados para el 2020, y 350 millones de hectáreas para el 2030. El primer objetivo, afirma la organización, está cerca de cumplirse.
Si se logran restaurar esas 350 millones de hectáreas, se estima que podrían secuestrarse hasta 1.7 gigatoneladas de dióxido de carbono por año, mientras que el impacto positivo alcanzaría los u$s170 mil millones en beneficios netos de protección de cuencas hidrográficas, mejores rendimientos de cultivos y productos forestales.
En una época en la que el 74% de los pobres del mundo son afectados por la degradación de la tierra, la reversión y restauración de la tierra deforestada fue incluida entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU. El fenómeno afecta cerca del 30% de la tierra cultivable, lo que produce pérdidas estimadas en más del 10% del PIB mundial.
El problema ya está afectando las condiciones de vida de al menos 3.200 millones de personas. Como casi el 40% de toda la tierra se utiliza para la agricultura, si la superficie agudiza sus tendencias decrecientes en la productividad, para 2050 la degradación y el cambio climático podrían reducir abruptamente el rendimiento de los cultivos en un 10% a nivel global y hasta en un 50% en algunas regiones.
Pero además está alimentando temores de una extinción masiva de especies: la gran mayoría que están en riesgo viven en zonas donde su hábitat fue reducido de manera drástica. Así, la deforestación puso en peligro la supervivencia de al menos 500 especies de animales, entre mamíferos, anfibios y aves.
La buena noticia que dejó Davos es que, pese a cierta sobreactuación y dosis de corrección política, el cambio climático ganó presencia en los debates. Imprescindibles, los árboles volvieron a ser tema de agenda y a posicionarse como una de las soluciones más simples y efectivas a las amenazas urgentes.
El balance negativo es que se escuchó poco sobre planes para la reducción de emisiones contaminantes, que sigue siendo el verdadero tema de fondo. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, dijo que la humanidad "perderá la guerra" si no se amplían los esfuerzos en ese sentido, mientras que la joven ambientalista sueca, Greta Thunberg, se quejó en el cierre de que sus reclamos fueron "totalmente ignorados", antes de encabezar una protesta con jóvenes en el centro de la ciudad suiza.
Fuente: ámbito.com
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