Los gobiernos, las corporaciones y algunas claves para entender los incendios argentinos

El cálculo de las zonas quemadas y/o afectadas por los incendios en el país puede llegar a más de un millón de hectáreas, equivalentes a 50 veces el territorio de la Ciudad de Buenos Aires

Arbolado 31 de agosto de 2020
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El desastre no es natural sino humano, con causas bien concretas que van desde el cambio climático que favorece estas situaciones a la virtual desaparición del agua, los intereses económicos y de los agronegocios que encienden todas las mechas en búsqueda de maximización de ganancias. Y gobiernos de todos los niveles absortos en twittear declaraciones y hacer comentarios mediáticos sobre la “grieta”, mientras se difunden los fuegos. Los incendios no son solo en Córdoba, el Delta y otras zonas del llamado “interior” sino que ocurren también en el AMBA (Laferrere, Berazategui, Quilmes) en reservas codiciadas por corporaciones industriales e inmobiliarias.

El doctor Damián Verzeñassi desde Rosario y el ecologista Emilio Spataro desde Corrientes brindan pistas sobre lo que está pasando con la pandemia, y las movilizaciones que no van en Audi pero tampoco se quedan pasivamente en casa mientras actividades de destrucción ambiental son consideradas “servicios esenciales”.  

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“No queremos seguir encerrados mientras las corporaciones extractivistas, alentadas por el Estado, siguen destruyendo nuestros territorios, principalmente en este contexto de Covid-19 donde nos sacan hasta la capacidad de respirar”, dice desde Rosario el médico Damián Verzeñassi.

“Nos dijeron ‘quedate en casa’, pero estás siendo intoxicado por el aire irrespirable por las quemas. O te dicen ‘quedate en casa’ pero definen como servicio esencial quemar bosques y humedales, fumigar y desmontar”, define el ecologista Emilio Spataro desde Corrientes. “La gente no se queda en casa porque están destruyendo los bienes comunes que son los que en definitiva garantizan su salud”. Así se refiere a las  movilizaciones que denuncian los incendios en el Delta que –no casualmente- se reproducen también en zonas tan ajenas como distintos puntos de Córdoba, Catamarca o el Gran Buenos Aires.

El ecocidio, la derecha y la libertad

Damián Verzeñassi tiene el ojo puesto en lo colectivo y, a la vez, en lo personal: sus propios pulmones y Gala, su hija de un año de edad.

Es director del Instituto de Salud Socio Ambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de Rosario, y uno de los fundadores de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza en América Latina (UCCSNAL). “En lo personal, tuve que triplicar el uso de broncodilatadores por mi cuadro respiratorio, debido al humo de los incendios, que llegan a Rosario. Y mi hija tiene un año. Casi la mitad de su vida ha tenido que respirar este aire cargado de sustancias tóxicas muy por arriba del máximo permitido por la ONU. La exposición antes de los 5 años disminuye calidad y expectativa de vida, además de volver a niñas como Gala a ser propensas a padecer enfermedades cardiorespiratorias”.

Más allá de lo personal, Verzeñassi plantea: “Estamos viviendo un ecocidio, una destrucción suicida de los espacios que garantizan la calidad del agua, la tierra y el aire. Y vemos que las autoridades nacionales y provinciales no toman en serio este proceso, o hasta lo impulsaron. El gobernador de Entre Ríos, Gustavo Bordet, tiene amplio prontuario en la destrucción de territorios. El de Santa Fe, Omar Perotti, que se hizo el distraído hasta que la gente empezó a movilizarse por los incendios y el humo en Rosario y otros puntos de la provincia. Y el gobierno nacional que, mientras medio país está en llamas, anuncia que la salida a la crisis del Covid-19 viene de la mano de los agroexportadores, los monocultivos y el extractivismo que destruyen el ambiente y siguen haciéndolo, como demuestran estos incendios”.


Considera Verzeñassi que la situación de los incendios favorece la propagación del Covid -19: «Es un juego del que nadie se hace responsable”.


Las movilizaciones invisibilizadas en las provincias, frente al foco mediático de la escasa marcha “anticuarentena”: “Los anticuarentenas de la derecha son parte fundamental del proceso de destrucción territorial. Son manifestaciones del individualismo y lo peor de la meritocracia. Eso nada tiene que ver con una sociedad saludable. Lo que estamos planteando es la necesidad de una movilización colectiva, solidaria, a partir de los principios de respeto y cuidado de la diversidad de la vida, y el respeto de las generaciones futuras. No es garantizar la libertad individual de enfermarnos, sino que no nos quiten la capacidad de respirar”.

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En su cuenta de Twitter Verzeñassi se define como “drapetómano incurable”. Explica: “La drapetomanía fue una enfermedad descripta a fines del siglo 19 en los Estados Unidos. Era lo que se consideraba una irrefrenable ansia de libertad por parte de los negros que no querían ser esclavos. O sea, a quien peleaba por su libertad, lo declaraban enfermo. Eso muestra los lugares de poder en los que muchas veces se para lo supuestamente científico. Aquí la lucha por la libertad no es la que aparece por televisión, sino la de quienes buscan reconstruir la vida social y la relación con la naturaleza”.  

Damián hace una relación metabólica entre lo individual y lo social: «Los contextos que hacen posible la pandemia del Covid-19 son los que expresan la destrucción de los sistemas inmunológicos colectivos y sociales. Expresan la destrucción de las relaciones de las relaciones metabólicas entre sociedad y naturaleza. Creo que tenemos que recuperar los sistemas inmunológicos no solo a nivel individual sino también colectivo. Para que haya inmunidad individual necesitamos las defensas inmunológicas colectivas, que son la solidaridad, el mutualismo, la cooperación y la recuperación del vínculo con el territorio”.

El AMBA también se incendia

“Estamos asistiendo a una avanzada corporativa sobre los bienes comunes”, plantea Emilio Spataro desde Corrientes. Emilio sigue desde adolescente, a principios de siglo, la situación ambiental y de los bosques y humedales en particular. Fue uno de los fundadores de Guardianes del Iberá y actualmente coordina el área Bosques y Diversidad de Amigos de la Tierra.

Panorama para entender los incendios: “Hay factores climáticos, estacionales, hay menos lluvias, los ríos y arroyos están bajos y es época en la que se queman pastizales para el rebrote. Hasta ahí llega la ‘normalidad’”.

Habría que considerar que la parte climática de esa “normalidad” tiene que ver con la crisis climática, que genera desastres poco naturales y muy humanos.

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Continúa Emilio: “Lo diferente es que, ante esos factores, hay intereses corporativos que avanzan deliberadamente sobre bienes comunes. Es fácil de detectar: no hay acampes o esparcimiento en los que podría generarse fuego, por la cuarentena. No hay incendios en establecimientos agropecuarios consolidados. Ni tampoco en las plantaciones de pinos o eucaliptus, pese a que están con las mismas alarmas rojas y riesgos”.

¿Dónde sí ocurren entonces las quemas? “En lugares de hay fuertes intereses de corporaciones y negocios por apropiárselos. Puede ser para habilitarlos para usos agropecuarios o para barrios privados, principalmente. Ocurre en Córdoba, también en el Delta y hasta en el AMBA: hubo fuertes incendios intencionales en la reserva de Laferrere que antes fue un aeropuerto. Los vecinos salieron a denunciar el tema, incluso los horarios de los incendios coincidían. Y otro caso es del de la costa Quilmes-Berazategui del Rio de la Plata”. Allí la corporación Techint junto al gobierno de CFK, el provincial (Daniel Scioli) y los municipales de Quilmes y Avellaneda, intentaron un avance sobre la selva marginal nacida entre el CEAMSE y el río, proyecto que fue frenado por la movilización vecinal desde aquel entonces, pasando por toda la etapa macrista.

“Si se incendian lugares tan específicos y hasta dispersos, todo está más claro. En Córdoba se queman siempre los lugares donde se discuten proyectos de ampliación o creación de barrios privados”. Ni siquiera considera Emilio que el problema es que los incendios se le hayan ido de las manos a los impulsores. ”Nada se les va de las manos. Aprovechan el contexto climático y estacional, y también la menor presencia ciudadana por la pandemia. Es un modus operandi. No digo que sea un solo grupo, pero sí un modo de hacerlo, siempre con la misma intencionalidad”.

Spataro plantea el caso de Victoria, en Entre Ríos, donde hay empresas solicitando autorización para construir barrios privados, o la periferia sur de Corrientes donde se incendió otra reserva en un lugar al que aspira  acceder un proyecto inmobiliario.

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Progreso modo Edad Media

“La película que hoy vivimos empezó hace mucho, y entonces se planteaba de modo conjetural. Decíamos: ‘si se destruyen los bosques vamos a tener inundaciones graves, pandemias, sequías, ecosistemas enfermos’, y las autoridades ni escuchaban, o decían que era todo una exageración. Hoy está probado a nivel académico todo lo que la destrucción ambiental afecta la vida diaria de las personas”, plantea Emilio.  

“La pandemia es la máxima demostración de lo que implica destruir la biodiversidad. Estamos en pleno siglo de la revolución digital, encerrados con medidas de la Edad Media. La cuarentena y lavarse las manos son eso. Entonces, no era que ecologismo estaba contra el progreso y el desarrollo. La destrucción ambiental es la que nos quita el progreso y el desarrollo, encerrándonos en nuestras casas. Los ecosistemas están enfermos, el mundo ha perdido aproximadamente el 75% de sus bosques naturales primarios y secundarios”.  


Emilio Spataro calcula que solo en el Delta hay más de 300.000 hectáreas afectadas (entre las directamente incendiadas y las indirectamente dañadas) y que se llegará posiblemente al millón de hectáreas afectadas, superficie equivalente a 50 ciudades de Buenos Aires.


“El gobierno nacional no dimensiona el impacto en su verdadera dimensión. Pero si lo hiciese, tampoco tiene recursos ni dinero para enfrentar tantos focos de incendio. El tema es que las corporaciones e intereses económicos dejen de incendiar la Argentina”.

La expectativa hacia adelante, en el tema específico de los humedales, está en un proyecto de Ley que nació enlas asambleas ciudadanas del litoral, a las que se sumaron asambleas de San Juan y Mendoza. “Ya tuvo dos media sanciones en el Senado y las corporaciones la voltearon las dos veces en Diputados. Ahora hicimos la presentación en Diputados, en la Comisión de Recursos Naturales y Ambiente que preside Leonardo Grosso. El rechazo está centralizado en medios como Clarín y La Nación, que no solo representan intereses sino que tienen intereses directamente ligados a proyectos agropecuarios e inmobiliarios que destruyen reservas y humedales”.

¿Qué plantea el proyecto de Ley? “Presupestos mínimos para la rotección de los humedales, un inventario y unordeenamiento territorial, el fortalecimiento de lospobladores isleños,comunidades campesinas e indígenasque sonquienes aportan sustentabilidad alsistema y unamoratoria de toda actividad que dañe los humedales. El proyecto presentado por Grosso establece un régimen penal de sanciones”.

Sobre las movilizaciones invisibles a los medios. “Ponen en foco ala gente que les interesa. Y el gobierno discute eso. Pero lo que nunca se ve es este otro tipo de movidas pese a que Rosario, por ejemplo, no es un paraje. Ni Córdoba.En el caso de Rosario hay cortes de puentes, de la ruta a Buenos Aires, reclamos vecinales”. “Nos dijeron ‘quedate en casa’, pero estás siendo intoxicado por el aire irrespirable por las quemas. O te dicen ‘quedate en casa’ pero definen como servicio esencial y casi patriótico, quemar bosques y humedales, fumigar, desmontar. La gente no se queda en casa porque están destruyendo los bienes comunes que son los que en definitiva garantizan su salud”.   

Fuente: La Vaca (.org)


 


 

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