
El acuerdo entre Chile y Noruega para la conservación de la Antártida
Marcos Bach

La ceremonia contó con la presencia del canciller chileno Alberto van Klaveren y el ministro noruego de Desarrollo Internacional Åsmund Grøver.
Ambos destacaron que “reforzar nuestros vínculos históricos y reafirmar nuestro compromiso para defender la Antártida como reserva natural dedicada a la paz y la ciencia” representa un paso decisivo.
Conservación de la Antártida: los principales objetivos del acuerdo

- Fortalecer el Sistema del Tratado Antártico (STA) y su marco de cooperación internacional.
- Potenciar la participación activa en las reuniones consultivas del STA y la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA).
- Consolidar un diálogo bilateral permanente, mediante reuniones presenciales o virtuales entre instituciones técnicas de ambos países.
- Impulsar la ciencia antártica y subantártica, enfocándose en el cambio climático, procesos ecosistémicos, y colaboración logística, tecnológica y operativa.
- Impulsar la aplicación del Código Polar en el océano Austral, promoviendo intercambio de información y seminarios de expertos conjuntos.
Un paso clave para la ciencia y la conservación
La alianza potencia la colaboración científica estratégica, al combinar recursos humanos, infraestructura de investigación y logística de ambos países.
Esto refuerza las capacidades nacionales para monitorear cambios ambientales, fomentar innovación polar y contribuir al conocimiento global sobre la Antártida.
Además, refuerza el compromiso con iniciativas multilaterales como la CCRVMA, orientadas a la protección de los recursos marinos y la biodiversidad antártica.
Este acuerdo se suma a esfuerzos previos, como las colaboraciones diplomáticas en el STA y acciones del Instituto Antártico Chileno (INACH), que en 2024 celebró 60 años con proyectos científicos internacionales clave.
Producción hidropónica: el trabajo del INTA en la Antártida
El continente blanco es punto de investigaciones y ciencia aplicada en muchos aspectos. Un ejemplo son los Módulos Antárticos de Producción Hidropónica (MAPHI).
Que, desde 2017, permitieron la producción de hortalizas de hoja en el continente blanco, marcando un antes y un después para las bases antárticas argentinas.
Este proyecto, impulsado por el INTA, el Comando Conjunto Antártico (COCOANTAR) y la Universidad Nacional de la Patagonia Austral, ha transformado la calidad de vida de quienes trabajan en las bases Marambio, Esperanza y Belgrano 2.

Fue liderado por Jorge Birgi del INTA Santa Cruz. Se adaptaron materiales tecnológicos para permitir la producción en condiciones extremas.
Su impacto afecta directamente a la producción de alimentos frescos como rúcula y lechuga en la Antártida brinda una mejora significativa en la calidad de vida de científicos y personal que realiza actividades de soberanía.


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