
El cambio climático te está robando el sueño
Marcos Bach
Si últimamente dormís peor en las noches de calor, no es solo una sensación: hay ciencia detrás. Un análisis publicado en julio de 2026 por Climate Central, organización de referencia en ciencia climática, muestra que el calentamiento global ya nos está robando horas de sueño en casi todo el planeta. Te explicamos desde una mirada climatológica y a una mirada médica por qué esto importa.
El estudio analizó 1.338 ciudades del mundo (todas con más de 500.000 habitantes) y comparó las temperaturas nocturnas reales con las que habrían existido en un planeta sin la contaminación que generó el cambio climático. El resultado: entre 2020 y 2025, la persona promedio perdió casi 56 horas de sueño al año por el calor nocturno, y unas 6 de esas horas, algo más del 10%, son directamente atribuibles al cambio climático. Es el equivalente a casi una noche completa de sueño perdida cada año solo por el calentamiento global.

La climatología destaca que el impacto no se reparte igual en todo el planeta. Ciudades de Arabia Saudita, Omán y Emiratos Árabes Unidos perdieron entre 55 y 87 horas de sueño al año por el calor, de las cuales entre 12 y 16 horas se deben al cambio climático: casi dos noches completas. Situaciones similares se registraron en el sur de India, el sudeste asiático y varios países de África Occidental. En América, también aparecen afectadas ciudades del suroeste de Estados Unidos, México, Guatemala, Colombia y Venezuela. En Estados Unidos, la pérdida de sueño atribuible al cambio climático casi se triplicó desde la década de 1970: pasó de poco más de una hora anual a casi cuatro.
Y acá va el dato más contundente: en 1.335 de las 1.338 ciudades analizadas, la porción de pérdida de sueño atribuible al cambio climático al menos se duplicó desde los años 70, y en 840 de esas ciudades directamente se triplicó.
Desde la salud, el sueño no es un lujo ni un tiempo "perdido": es cuando el cuerpo repara tejidos, consolida la memoria y regula funciones clave del sistema inmunológico, cardiovascular y metabólico. Dormir mal de forma reiterada, aunque sea por pocas horas cada noche, se asocia con mayor riesgo de hipertensión y enfermedad cardiovascular, peor respuesta inmune, alteraciones en la regulación del azúcar en sangre y un impacto directo en el estado de ánimo, la concentración y la capacidad de tomar decisiones.

El propio estudio de Climate Central identifica que este riesgo no se reparte igual entre toda la población: el efecto del calor nocturno sobre el sueño es más del doble en personas mayores de 65 años, respecto de los adultos de mediana edad, y hasta el triple en personas de países de ingresos medios y bajos, comparado con países de altos ingresos. También es mayor en mujeres y en quienes ya viven en climas cálidos, es decir, justamente en los grupos con menos recursos para adaptarse.
El aire acondicionado ayuda a dormir mejor en noches calurosas, pero según cifras citadas en el propio informe no alcanza para todos: apenas el 35% de los hogares del mundo contaba con uno en 2021, y ese acceso está fuertemente ligado al ingreso económico. Incluso donde hay aire acondicionado disponible, las noches muy calurosas siguen afectando la calidad del sueño. En otras palabras: el cambio climático no solo nos quita horas de descanso, sino que reparte ese costo de forma desigual entre quienes menos herramientas tienen para protegerse.
A nivel personal, ayuda mantener rutinas simples de higiene del sueño en las noches de calor: ventilar la habitación en las horas más frescas (de madrugada o al amanecer), evitar pantallas y comidas pesadas antes de dormir, e hidratarse bien durante el día. Pero la solución de fondo excede lo individual: pasa por reducir emisiones y por adaptar nuestras ciudades con más sombra y espacios verdes, como los que mencionamos en notas anteriores sobre soluciones basadas en la naturaleza, para que las noches sean un poco menos calurosas para todos.





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