Así impacta el "Súper Niño" en Latinoamérica y el Caribe

Con un 63% de probabilidades de convertirse en uno de los "Niños" más fuertes en décadas, el fenómeno ya obliga a la región a activar planes de emergencia
Cambio Climático26/08/2026Marcos BachMarcos Bach
MARCOS BACH

El fenómeno "El Niño" ya está oficialmente activo: la temperatura del océano Pacífico central y tropical superó el umbral de 0,5°C por encima del promedio necesario para declararlo. Pero lo que tiene en alerta a Latinoamérica y el Caribe es otra cosa: los pronósticos más recientes le dan un 63% de probabilidades de convertirse en un "Niño" fuerte, con temperaturas más de 2°C por encima del promedio, el mismo nivel que en 2015 llevó a bautizarlo como "Niño Godzilla". Si se confirma, sería el evento más intenso desde 1877-78.

¿Por qué se habla de "Súper Niño"?

En su actualización de mayo de 2026, el Centro de Predicción Climática de la NOAA elevó al 82% la probabilidad de que El Niño emerja entre mayo y julio, y al 96% la probabilidad de que se mantenga activo entre diciembre de 2026 y febrero de 2027. La transición desde condiciones de La Niña fue, además, mucho más rápida de lo habitual, algo que llevó a organizaciones humanitarias como la Federación Internacional de la Cruz Roja (FICR) a elevar de inmediato sus niveles de preparación.

Los impactos, región por región

En Centroamérica, el Caribe y el norte de Colombia y Venezuela predomina el calor y la sequía, con un déficit hídrico particularmente severo en el Corredor Seco centroamericano (sobre el que ya escribimos en esta sección). En el Cono Sur, en cambio, suele traer lluvias más intensas de lo habitual.

Según Carl Skau, director ejecutivo interino del Programa Mundial de Alimentos, El Niño podría afectar a unos 16 millones de personas en la región. En algunas zonas de Guatemala se esperan aumentos de temperatura de hasta 3°C, lo que golpearía a la agricultura, subiría los precios de los alimentos y podría derivar en hambruna en las comunidades más vulnerables. En México, las autoridades prevén una temporada de ciclones en el Pacífico más activa de lo normal, con entre 18 y 21 tormentas esperadas para 2026, por lo que el gobierno reforzó la coordinación entre organismos, la revisión de refugios temporales y los sistemas de alerta temprana.

En Perú, el servicio meteorológico nacional (Senamhi) mantiene un estado de alerta que podría extenderse hasta abril de 2027, con temperaturas muy por encima de lo habitual en toda la costa entre julio y septiembre, lluvias localizadas más intensas, y un impacto directo sobre la actividad pesquera, ya que varias especies se están replegando hacia aguas más profundas y frías. En Chile, el organismo de emergencias (Senapred) prevé afectaciones distintas según la región del país.

En general, los organismos de la región anticipan menores lluvias en las zonas Pacífica, Andina y Caribe, una reducción en los niveles de ríos y lagos que puede afectar el agua para consumo humano, riego y generación hidroeléctrica, mayor riesgo de incendios forestales, y problemas de salud vinculados a la proliferación de insectos y a dificultades de higiene por la escasez de agua.

¿Cómo se deben preparar los países?

A diferencia de otros episodios de El Niño en el pasado, esta vez varios países activaron mecanismos de "acción anticipatoria": financiamiento que se libera automáticamente cuando los pronósticos alcanzan ciertos umbrales de riesgo, antes de que ocurra el desastre y no después. La Cruz Roja, por ejemplo, ya destinó fondos de su Fondo de Emergencia para Desastres (DREF) para asistir a comunidades de los departamentos de Morazán y La Unión, en El Salvador, entre otras zonas de la región. Guatemala, Honduras y El Salvador, además, están diseñando planes específicos de orientación para que los agricultores puedan reducir el impacto de la sequía en sus cosechas.

¿Qué se espera para los próximos años?

Ningún episodio de El Niño es idéntico al anterior, y los pronósticos todavía pueden ajustarse en las próximas semanas. Pero la tendencia actual, sumada al calentamiento global de fondo, apunta a episodios de El Niño cada vez más intensos y a una mayor frecuencia de fenómenos extremos en general, según coinciden los organismos meteorológicos de la región. Eso hace que la inversión en sistemas de alerta temprana y en protocolos de acción anticipatoria, más que la reacción una vez que el desastre ya ocurrió, se haya convertido en la principal estrategia de gobiernos y organizaciones humanitarias para los próximos meses y años.

Si querés colaborar o informarte más, podés seguir las alertas de tu servicio meteorológico nacional y las campañas de organizaciones como la Cruz Roja, que trabajan directamente con las comunidades más expuestas a sequías, inundaciones y ciclones en la región.

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