Contaminación del aire: Crecen los niveles de polución en Ciudad de Buenos Aires

Más circulación vehicular y el advenimiento del humo producto de los incendios en la región, entre las causas principales

Contaminación 31 de agosto de 2020
Ciudad

Luego de haberse registrado un marcado descenso de los niveles de contaminación del aire en la Región Metropolitana, producto de la disminución en la circulación vehicular y ciudadana, los valores están volviendo a días previos a la cuarentena. Esto se debe, fundamentalmente, a un mayor uso de autos por la flexibilización del aislamiento. Un estudio realizado por la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires fue publicado la semana pasada y concluyó que la ascendente polución irá incrementando.

El humo en el aire ya agota. Abrir la ventana para airear se ha transformado en un desafío. Respirar se vuelve agotador. Se siente el espesor de lo que sucede en el mundo y en la región. La pesadez no es covideana, sino que cuesta oxigenar el cuerpo y la mente con incendios por doquier. A donde la cabeza gire, un pastizal arde. Y así como se incinera el terreno, la ilusión por un ambiente saludable también.

Pero a ello hay que añadir un componente cotidiano (lamentablemente). Los altos niveles de polución del aire se entretejen ahora con el alto porcentaje de material particulado de humo que ya ha dicho presente en Buenos Aires. Inhalo de nuevo para continuar la escritura, y exhalo, estando casi tan poco oxigenado como en el instante previo a suspirar. El agua, el aire y nuestra salud giran como un trompo esperando a ver cuál cae primero, en un escenario donde el árbitro parece ser un sistema que quiere vernos arrasados.

Es cierto que el coronavirus marcó un antes y un después en varias esferas de la contemporaneidad. Mercados, trabajo, relaciones humanas, acuerdos, ciencia, geopolítica. El medio ambiente y los ecosistemas también están dentro de esta modificación y coyuntural que ha dejado el virus, alrededor del globo. Su aparición no debe pasarnos por el costado, ni es un centro que quedó pasado. Es un pase al centro de la zona de ataque, y es un instante de definición. El virus, y el ambiente, parafraseando a Cabandié, ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable, “tienen una cercana relación”. Y de esto es muy importante que ahondemos, puesto que en la consecutiva intervención sobre nuestro territorio, es donde radica la clave de los conflictos que han dicho presente a lo largo de la historia.

Junto con una consecutiva aplicación de métodos extractivos y perjudiciales para la salud de los suelos y de los ecosistemas, se agudizó la crisis climática, traducida en la aparición de nuevos virus, bacterias y agentes externos a los escenarios cotidianos. Y esta modificación ha dejado graves secuelas, pero también ha permitido evidenciar que el COVID no es la única pandemia. Los problemas ecosistemáticos forman parte de una extensa (y aún más preocupante) problemática global, que al día de la fecha aún no cuenta con una estricta regulación y control por parte de los organismos internacionales.

Lejos, igualmente, a unos 250 kilómetros de los incendios del Delta, unos cuantos más del Impenetrable Chaqueño, pero acá nomás de Berazategui. Rodeados de fuego en terrenos húmedos, que claudican de a poco frente al extractivismo inmobiliario. Ante esa ausencia normativa y aplicativa institucional, han sido las organizaciones, las asambleas, las multisectoriales, las comunidades y las redes quienes han asumido el rol fundamental de todas las acciones, en primera persona, y al frente de varios bloques. Crónicas hay de sobra, y relatos sobre luchas aún más.

Son quienes han proclamado y avanzado al ritmo de lo que la situación requiere para luchar contra órdenes de producción que alteran los ecosistemas, y que tienden a su desaparición. Flora, fauna, suelo y aire resultan tan víctimas como la ciudadanía, envenenada con agroquímicos, contaminada por agua cianurada, afectada por enfermedades congénitas, desplazadas de ámbitos saludables, y condenadas a un mecanismo productivo que degenera día a día.

Así, el escenario se ha vuelto calamitoso. Y si bien hemos conseguido respirar un poco mejor (o mejor dicho, “menos mal”) producto de una marcada disminución de los niveles de contaminación de aire, al día de hoy nos encontramos nuevamente inmersos en escalas similares a las previas del ASPO. Y no conforme con ello, también debemos añadir que parte de ese marcado aumento de la polución gaseosa se debe a la consecutiva quema de humedales en el Delta del Paraná, y en ciertos puntos neurálgicos de la región pampeana y mesopotámica. En este sentido, cabe mencionar que la vuelta a niveles de contaminación anteriores a la cuarentena se enmarca en varias claves, no solamente en términos de aumento de circulación, sino también en una sumatoria de fenómenos ambientales que alteraron la normalidad de los ecosistemas

El aumento de la contaminación del aire en CABA

Según el estudio mencionado previamente, elaborado por la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, los niveles de contaminación de aire están volviendo a números similares a los anteriores al aislamiento social. Leonardo Serio, investigador y docente de la casa de estudios, precisamente de la cátedra de Climatología y Fenología Agrícolas, señaló que para llevar a cabo el informe “tomé tres contaminantes que en altas concentraciones pueden ser nocivos para la salud, como el monóxido de carbono, los óxidos de nitrógeno y las partículas sólidas menores a 10 micrones”.

En este sentido, el investigador indicó que “a partir de mayo, la concentración de los tres contaminantes volvió a los valores normales pre-cuarentena, lo cual tiene que ver directamente con el aumento de la circulación de vehículos en la ciudad”. Vale la pena mencionar que durante el mes de Marzo y principios de Abril, la contaminación del aire había bajado considerablemente. Según había reportado la Secretaría de Ambiente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, la disminución fue del 70% en los óxidos de nitrógeno, del 30% en el monóxido de carbono y del 40% en el material particulado.

En este contexto, Serio apuntó al aumento en la circulación de personas como factor clave en el aumento de los niveles de contaminación del aire. Del mismo modo, el docente manifestó la necesidad de contar con elementos de medición más estables y de mayor cantidad de elementos. “En CABA no tenemos registros oficiales de mediciones de material particulado menor a 2,5 micrones, que es el más perjudicial para la salud, ni tampoco se publican datos de ozono o de dióxido de azufre”, informó.

No todo es motores: El humo del delta como adicional

Pero esto representa, solamente, una sola cara del conflicto ambiental de la Ciudad de Buenos Aires. El aumento de la circulación produjo un marcado aumento de las emisiones de gases en la región, lo que ha tenido como consecuencia una suba sustancial de los valores en materia de contaminación del aire. Sin embargo, hay que añadir un componente no menos importante, y que tiene que ver con la quema de los humedales del Delta del Paraná.

En una nota previa, hemos manifestado que el humo producido por la sistemática incineración de los humedales mesopotámicos no solamente tienen consecuencias en materia de suelos, flora y fauna, sino también que repercute en los niveles de contaminación del aire, haciendo a este más seco, menos oxigenado, más particulado y, por lo tanto, menos saludable. Tras el ecocidio perpetrado en la región, hay que añadir la crisis sanitaria que atraviesan las ciudades cercanas.

Según un informe de la Universidad Nacional de Rosario, publicado el 19 de Junio de 2020,  se registraron valores de contaminación en el aire de la ciudad “cinco veces mayores a los permitidos en la normativa provincial”. El Laboratorio de Medio Ambiente de la Facultad de Ciencias Exactas, Ingeniería y Agrimensura, quien llevó adelante dicho estudio, realizó mediciones de la calidad del aire desde el 11 al 15 de junio. El resultado arrojó datos preocupantes sobre “la calidad del aire, que superó cinco veces el valor permitido por normativa provincial”. En consecuencia, “el impacto que produce tiene un alcance que excede las inmediaciones donde se generó, ya que las partículas respirables se han trasladado por efecto del viento a una distancia de hasta 60 kilómetros, lo que se conoce como Efecto Paragüa”.

 En este contexto, el humo llegó a la Región Metropolitana a principios de Agosto, y despertó algunas alarmas. En primer lugar, el Servicio Meteorológico Nacional informó que la nubosidad que se presentó en la mañana del día 5 de Agosto tiene su origen en los incendios del Delta. Al marcado aumento en la contaminación del aire producto de lo informado por la Facultad de Agronomía de la UBA, hay que añadir el humo proveniente de la región de los humedales. El panorama se complica, aún más.

Fuente: Radiografía (.org.ar)

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