¿Es demasiado tarde para detener el cambio climático?

Los próximos diez años son de importancia central para nuestro intento de luchar contra la crisis climática mundial

Cambio Climático 31 de agosto de 2020
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Si las emisiones de gases de efecto invernadero siguen aumentando, las temperaturas medias mundiales podrían ser 1,5 grados más altas que los niveles preindustriales ya en 2030. Para permanecer por debajo de este nivel a largo plazo, tendríamos que reducir a la mitad las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero en esta década.

Las señales para tal cambio de rumbo son pobres.

Tenemos una buena comprensión del cambio climático, sus mecanismos y sus consecuencias desde hace cuatro décadas. Sin embargo, desde la Cumbre de la Tierra de 1992, las emisiones mundiales de CO2 han aumentado en más del 60%.11c77a_305d6d01e5364f93bdf8f7f6698cbe42_mv2

El cambio en el poder mundial asociado al ascenso de China está obstaculizando la cooperación intergubernamental. Y la pandemia de COVID no sólo atrae nuestra atención sino también considerables recursos políticos y económicos.

Sin embargo, tres tendencias -la nueva presión social, las contribuciones de diversos actores y la creciente transparencia- dan cierta esperanza.

En primer lugar, está la presión de las calles. Ha aumentado significativamente en comparación con años anteriores, y las protestas del movimiento "Viernes por el Futuro" han logrado mucho.

Han hecho que los alarmantes hallazgos de la ciencia climática sean accesibles a amplios sectores de la sociedad.

Como resultado, los hechos climáticos ya no están disponibles sólo para los expertos. Además, la simple demanda de Greta Thunberg y sus compañeros de campaña de que la acción política se base en este conocimiento ha ganado fuerza.

Finalmente, los activistas del clima han logrado hacer del año 2030 el nuevo punto de referencia para el debate climático.

Esta fecha límite enfatiza la urgencia de su causa y ha hecho entender a padres y abuelos que ya no podrán eludir sus responsabilidades. El hecho de que muchos de ellos se hayan unido a las protestas da un impulso al movimiento climático.

En segundo lugar, la protección del clima mundial no es sólo un asunto de los estados-nación.

Las regiones, las ciudades y las empresas han contribuido durante mucho tiempo a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Las "contribuciones de los muchos" a veces van mucho más allá de lo que sus gobiernos les obligan a hacer.

Lo que es nuevo es que estas iniciativas están cada vez más conectadas y dan forma a la política climática. A las redes de ciudades para objetivos climáticos locales ambiciosos, como el Pacto Mundial de Alcaldes, se han unido municipios que abarcan más de mil millones de habitantes.

En otros lugares, las empresas se comprometen a comprar energía 100% renovable o a divulgar y reducir su huella de carbono.

Las iniciativas de este tipo están surtiendo efecto porque las contribuciones voluntarias de sus miembros se ingresan en las cuentas de los países en los que tienen su sede.

Los gobiernos de esos Estados pueden entonces prometer más para la protección del clima en las negociaciones internacionales, y esto aumenta la ambición general. Pero las redes climáticas no gubernamentales también contribuyen cuando los estados-nación se niegan a asumir su papel de liderazgo.

Por ejemplo, después del anuncio del Presidente Trump de abandonar el Acuerdo de París sobre el Clima, 24 estados americanos formaron la Alianza del Clima de los Estados Unidos.

Independientemente de la política del presidente, se comprometieron con los objetivos climáticos de París.

Representando el 55% de la población de EE.UU. y el 57% del producto interior bruto de EE.UU., tienen el peso para implementar una gran parte de las promesas de EE.UU. incluso sin la participación de Washington.

Por último, los objetivos energéticos y climáticos deben ser implementados. Aquí, la digitalización asegura que cada vez más datos estén disponibles, sean recogidos, publicados y evaluados por las autoridades, organizaciones no gubernamentales e instituciones independientes.

Cuando esta información es de libre acceso, crea la transparencia necesaria para la evaluación independiente de las políticas. ¿Cumplen las medidas que se han introducido los supuestos objetivos?

¿Qué subsidios estatales siguen apoyando los combustibles fósiles, las tecnologías obsoletas o los procesos insostenibles? La información para responder a este tipo de preguntas permite a las sociedades identificar las carencias y contradicciones, nombrarlas y exigir la rendición de cuentas de los responsables de la toma de decisiones en el gobierno y las empresas.

Hay que reconocer que la tríada de presión social, las contribuciones de los muchos y la creciente transparencia ofrecen tres fuentes de esperanza.

Sin embargo, su fuerza continuada se ve desafiada por la pandemia mundial, así como por la crisis económica. Por razones prácticas, la presión en las calles no puede sostenerse en tiempos de una pandemia.

Será necesario volver a movilizarse después de la crisis y, dado que la pandemia puede durar, los activistas deberán encontrar formas de protesta en red que funcionen más allá del asfalto.

Del mismo modo, no sabemos si las regiones, las ciudades y las empresas continuarán haciendo promesas climáticas voluntarias en tiempos de recesión económica.

Pero los estados pueden ayudarlos a hacerlo si orientan sus programas de recuperación económica hacia objetivos a largo plazo. Y, por último, la información y la transparencia sólo favorecerán la rendición de cuentas si las sociedades adquieren los conocimientos necesarios para aprovechar al máximo los datos disponibles.

Si tenemos suerte, el aprendizaje digital que la pandemia está imponiendo a muchos de nosotros podría resultar útil aquí. Sin embargo, parece ser aún más importante otra lección de la que estamos siendo conscientes en la actualidad: Una buena preparación para las crisis vale la pena.

Fuente: Clima Terra (.org)


 

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