Ben Goldsmith: “Tenemos que subir el volumen de la naturaleza”

Conservacionista, sobrino del fundador de The Ecologist y perteneciente a una de las familias más influyentes de Reino Unido, ha puesto en marcha proyectos de "renaturalización" en todo el mundoy también en España

Arbolado 22 de diciembre de 2020
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Ben Goldsmith (Londres, 1980) heredó de su familia algo más que la fama y los millones. A su tío Teddy, fundador de The Ecologist y coautor del Manifiesto por la superviencia, le recuerda como “un viejo profeta adelantado a los tiempos”. Su padre, James, fue un industrial tentado por la política (fundó el Partido del Referéndum) que sintió también en los últimos años “la llamada poderosa de la naturaleza”.

El propio Ben recuerda cómo solía levantarse de madrugada junto a su hermano Zac para ver “el despertar de la vida salvaje” en Richmond Park, el inmenso parque al sur de Londres que fue el patio de recreo de su infancia. Gran parte de su herencia la volcó en la creación del fondo de inversiones Menhaden Capital (volcado a la eficiencia energética y de recursos). Otra parte la destinó a su granja de 100 hectáreas en Somerset, desde donde ha se ha embarcado en proyectos de “renaturalización”.

El destino quiso que la granja de sus sueños fuera el escenario de la mayor de las pesadillas: su hija Iris murió allí a los 15 años, el 8 de julio del 2019, en un fatal accidente a los mandos de un vehículo eléctrico. Un montículo de piedras es ahora el recuerdo permanente de su añorada hija… y un estanque cercano se ha convertido en la mejor de las terapias: la inmersión total en la naturaleza.

“Pertenecemos al peor club del mundo, el de los padres que han perdido a sus hijos”, confiesa Ben Goldsmith. “Fue terriblemente duro, creí que me volvía loco. Ese estanque fue en gran parte mi salvación. Mi mayor consuelo han sido la familiar y la naturaleza… Nunca he sido religioso, pero ahora puedo decir que siento una llamada espiritual. Todo ocurre por alguna razón. Estoy escribiendo un libro sobre la experiencia, creo que se titulará “Loss and renewal” (“Pérdida y renovación”)”.

“No puedes controlar el futuro”, fue la humilde lección que recibió Ben Goldsmith, que en pleno confinamiento volvió a ser padre con su segunda esposa, Jemima Jones (la pareja tiene además otro dos hijos, Eliza y Arlo, más otros dos que tuvo el financiero con Kate Rothschild, Frankie e Isaac). La niña de siete meses se llama Vita Iris y ha devuelto la sonrisa y el entusiasmo al filántropo ambiental, embarcado en una nueva misión que va aún más allá: “Necesitamos un giro espiritual y colectivo para reconectar con la naturaleza”.

“No creo que podamos resolver esta crisis, ni ninguna otra, sin construir una relación saludable con el planeta”, advierte Goldsmith. “En este sentido, y pese a la tragedia de fondo, creo que la pandemia ha producido un 'despertar' al mundo natural. Hemos podido respirar a pleno pulmón y oír el canto de los pájaros en las ciudades. Hemos sentido la llamada del bosque y del mar a la salida del confinamiento, y hay como un viento de cambio en el horizonte, a pesar de las dificultades económicas”.

Su otro caballo de batalla es intentar romper las barreras ideológicas… “No puedo entender cómo hay conservadores que se niegan a defender el medio ambiente alegando que eso es territorio de la izquierda”, recalca el financiero británico, impulsor desde el 2012 del Conservative Environmental Network.


No creo que podamos resolver esta crisis, ni ninguna otra, sin construir una relación saludable con el planeta


“Es más, pienso que ser conservador y ecologista es lo más natural”, asegura Goldsmith. “Es parte de nuestra esencia: 'preservar' para futuras generaciones… Me viene a la mente por ejemplo el nombre de Theodore Roosevelt, republicano y al mismo tiempo amante de la naturaleza, conocido aún hoy como el 'presidente convervacionista', por haber preservado más de 60 millones de hectáreas para parques nacionales y bosques protegidos en Estados Unidos”.

Siguiendo la estela de su tío Teddy, Ben Goldsmith respaldó en su día al Partido Verde de Caroline Lucas, convencido como estaba de la necesidad dar voz a la ecología en el Parlamento británico. Hoy por hoy, 89 diputados “tories” pertenecen ya a la Red Ambiental Conservadora, lo que a su entender dice mucho de cómo el mensaje está calando más allás de las líneas divisorias entre partidos: “Nuestra idea es extender la red a países con partidos conservadores muy implantados como Estados Unidos, Canadá, Australia e incluso España”.

Con nuestro país, confiesa, siente un vínculo emocional desde hace años: de la presencia de Luciano Suana Alves como mano derecha en Menhaden al apoyo a proyectos ambientales en el sur de España y en las Baleares, pasando por la finca familiar en las inmediaciones de Ronda y las incursiones en Pola de Somiedo (Asturias) pertrechado con los prismáticos de rigor para ver osos…

“España es el país más bello y diverso de Europa”, sentencia Goldsmith, con su español aprendido en la escuela. “Soy un hispanófilo convencido y voy siempre que puedo. He hecho muchas veces el recorrido en tren, de Londres a París y de ahí a Madrid y Málaga. Apoyé la designación como parque natural de la Sierra de las Nieves con Ecologistas en Acción. Estoy involucrado en programas como A Desalambrar en Andalucía o con la fundación Entretantos”.

Llegados a este punto, Goldsmith quiere romper una lanza por el proyecto del biólogo valenciano Ignacio Jiménez en Tres Reinos: “Es preocupante que una iniciativa de ese valor ambiental se esté tergiversando por intereses políticos. Yo creo que proyectos así son totalmente necesarios para revitalizar la España vacía y tender un puente entre la conservación y el interés turístico e histórico”.

Y llegamos así a las Baleares, elegidas a conciencia por otra de la ramificaciones de Ben Goldsmith: el Conservation Collective Network, la red de fundaciones locales para financiar proyectos ambientales en islas tan cercanas o distantes como la Eolias, la Cícladas, Barbados o San Vicente y las Granadinas

“Todas estas islas, aparte de su belleza, tienen algo en común: allí hay gente extranjera con mucho dinero y gente local con grandes ideas”, recalca Goldsmith. “Desde que empezamos en Ibiza y Formentera hace más de diez años (y más recientemente en Mallorca y Menorca) mi objetivo ha sido vincular a los que tienen grandes propiedades en las islas con proyectos que marcan la diferencia con aportaciones de 20.000 o 30.000 euros. La belleza de la filantropía ambiental es que puedes mover montañas con poco dinero”.


España es el país más bello y diverso de Europa. Soy un hispanófilo convencido y voy siempre que puedo. He hecho muchas veces el recorrido en tren, de Londres a París y de ahí a Madrid y Málaga. 


Su vínculo con las islas se ha ido tejiendo con proyectos como el de la protección de la posidonia del biólogo Manu San Félix: “Las praderas submarinas de posidonia son el auténtico secreto del Meditarráneo y el gran bioindicador de la calidad del agua… Hemos trabajado en la protección de áreas marinas, con la implicación de los pescadores, y luego en tierra, en la prohibición del plásticos de un solo uso y en el fomento de la producción local”.

“Hemos ayudado a crear un observatorio de sostenibilidad para medir el efecto del turismo y minimizar su impacto”, advierte Goldsmith. “El turismo responsable con la naturaleza va seguir aportando valor a las ilsas. Por eso es importante implicar al sector hotelero y a los restaurantes en el cambio. Con lo que no podemos seguir es con el turismo depredador que ha prevalecido hasta ahora”.

Admite que Goldsmith que las islas se encuentran en un puto crítico por la caída del turismo durante la pandemia, y que este es seguramente el momento de impulsar el cambio. A través de las tres fundaciones se han impulsado proyectos por valor de más de 1,5 millones de euros en la útlima década, aunque el útlimo presupuesto supera el medio millón y aspira a crecer en los próximos años, al igual que la red del Conservation Collective Network, que llega ya de Pakistán y Sri Lanka hasta las costas de Devon.

En tierra propia, Ben Goldsmith ejerce como asesor del Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales (Defra). Su cercanía a Michael Gove, al frente de los preparativos del Brexit, le ha valido para tener un papel vital en las futuras leyes de Agricultura y de Medio Ambiente.

Goldsmith no oculta que votó a favor de la salida de la UE en el referéndum del 2016… “Lo hice principalmente por mi oposición a la ruinosa y ecocida Política Agrícola Común (PAC). La política de susbsidios agrarios de la UE ha sido tremendamente destructiva. Estamos pagando a los agricultores para que destruyan la naturaleza y seguimos creando un incentivo perverso”.

“Nuestra futura ley agrícola va a tener como objetivo todo lo contrario”, asegura. “Vamos a incentivar los agricultores para introduzcan prácticas sostenibles y de agricultura regenerativa, bajo el principio “dinero público por el bien común”. En vez de bajar las protecciones ambientales, vamos a ir más allá y confío en que la Comisión Europea acabe copiándonos, que sea el principio de una carrera de 'arma'” pacífica por la restauración de la naturaleza”.

El Gobierno de Boris Johnson, advierte, ha emprendiendo una viraje verde cada vez más palpable, no solo por el papel a la sombra de su hermano Zac, también por la influencia de Stanley Johnson (“artífice de las protecciones ambientales de la UE”) y de Carrie Symonds (“ecologista convencida”).

“Bajo un Gobierno conservador, este país está diciendo adiós al carbón y se ha comprometido a suministrar con energía eólica todos los hogares británicos en el 2030”, asevera Goldsmith. “Vamos a hacer una gran esfuerzo con iniciativas de “rewilding” como la reintroducción de los castores. El año que viene tenemos una gran oportunidad de demostrar nuestro compromiso ambiental en la COP26 de Glasgow. Tenemos que elevar el volumen de la naturaleza, en eso estamos”. 

Fuente: El Correo del Sol (.com)

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