¿Qué podemos aprender de Copenhague?

Teniendo en cuenta el rápido proceso de crecimiento de las ciudades, la movilidad se ha convertido en uno de los principales retos para las administraciones públicas

Movilidad y transporte 05 de enero de 2021
Bicicleta

Actualmente, el transporte representa cerca de un quinto de la demanda mundial de energía y un cuarto de las emisiones de CO2 relacionadas con la energía. Dado lo anterior, la contaminación al igual que los niveles de tráfico y ruido son considerados algunos de los desafíos por los cuales se han impulsado el uso de soluciones innovadoras y la integración de actores públicos, privados, sociedad civil y la academia para mejorar la movilidad de los ciudadanos.  

Las ciudades están en la línea del frente de la acción climática y asumen compromisos audaces en torno a vías de desarrollo bajas en carbono y resistentes al clima. El transporte amigable con bajas emisiones de carbono y de carácter peatonal es el centro de las futuras inversiones en sistemas de movilidad urbana. En América Latina y el Caribe, el transporte es un elemento clave para los compromisos regionales determinados sobre el cambio climático: 14 países de la región han establecido objetivos específicos en el sector del transporte como estrategias de mitigación. El sector del transporte representa más del 20% del total de las emisiones regionales que producen más emisiones por unidad del PIB regional en el sector del transporte que otros países. 30% más que los Estados Unidos y 80% más que todos los países de la OCDE.

En el caso concreto de Copenhague, la capital de Dinamarca estableció el objetivo de ser una ciudad carbono neutral para el 2025, lo cual es un gran desafío, especialmente en el área de la movilidad. Uno de los objetivos principales del plan de desarrollo de la ciudad es que no más de un tercio de los viajes con inicio y/o parada en Copenhague deben ser en automóvil, dejando que las bicicletas y el transporte público sean responsables del resto. Incluyendo a los peatones, el objetivo es que el 75% de todos los viajes sean a pie, en bicicleta o en transporte público. Para facilitar esto, la ciudad de Copenhague está haciendo un esfuerzo considerable para proporcionar una red de transporte verde, integrada y eficiente. Oslo también está en camino de pasar de combustibles fósiles a sistemas de transporte eléctrico.

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Copenhague: la ciudad de la bicicleta

Dentro de estos nuevos modelos de transporte más verdes y flexibles la bicicleta es considerada como una alternativa de movilidad económica que ayuda a mitigar las emisiones de gases efecto invernadero, a reducir el consumo de energía y dar mejor uso al espacio vial. Adicionalmente, como parte de las externalidades positivas de la bicicleta se destaca el mayor nivel de calidad de vida de los ciudadanos al promover su salud física y conciencia ambiental, logrando impacto tanto en el bienestar individual como en el colectivo.

En 1910 Copenhague inauguró su primer carril para bicicletas, y durante los últimos 25 años se han llevado a cabo el desarrollo de la mayor parte de la red de carriles e infraestructura dedicada a este medio de transporte. Actualmente todas las estaciones de metro y bus cuentan con estacionamiento para bicicletas y la ciudad tiene una extensa señalización para los ciclistas. El centro de Copenhague cuenta con un mayor número bicicletas que ciudadanos: 520.000 habitantes y 560.000 bicicletas y se espera que para el 2025 que la ciudad logre convertirse en la primera capital del mundo con emisiones neutras de dióxido de carbono.

A partir de 1962, se eliminó el estacionamiento de 18 plazas para dar espacio a más vida en la ciudad. La expansión gradual del sistema de espacios sin automóviles en la ciudad ha tenido algunas grandes ventajas: los residentes de la ciudad han tenido tiempo para desarrollar una cultura urbana completamente nueva, para descubrir y desarrollar nuevas oportunidades; los propietarios de automóviles han tenido tiempo de acostumbrarse a la idea de no conducir y estacionar en el centro de la ciudad, y utilizar el transporte público y la bicicleta. Como resultado, las personas han tenido tiempo de cambiar sus hábitos y patrones de movilización.

A lo largo de los años se han realizado inversiones graduales en infraestructura para bicicletas. Las inversiones han resultado en un aumento en el número de ciclistas de manera constante desde la década de 1970. Las nuevas iniciativas de la ciudad buscan mantener y mejorar el uso de la bicicleta. Se han establecido carriles verdes para el uso exclusivo de ciclistas, creando un entorno ecológico para la ciudad. Además, se han establecido “olas verdes” las vías principales para sincronizar el flojo de bicicletas con los semáforos para que los ciclistas mantengas una velocidad promedio de 20 km por hora.

Sin embargo, el éxito de las bicicletas crea nuevos desafíos, principalmente a partir del aumento de la congestión en las ciclovías. Este reto se ha abordado en años recientes por medio de ampliaciones en los carriles y las vías; medida que ha resultado en la llegada de las bicicletas de carga. Las bicicletas de carga están presentes en por lo menos 6% de todos los hogares de Copenhague y se utilizan para el transporte de mercancías y niños. El 25% de todas las familias en Copenhague con dos niños tienen una bicicleta de carga. El objetivo a largo plazo de la ciudad de Copenhague es que el 50% de la población se desplace en bicicleta.

Durante el 2009 se fundó la Embajada de Ciclismo de Dinamarca con el objetivo de facilitar el acceso los conocimientos técnicos ayudar a promover en las ciudades de todo el mundo una cultura ciclista como principal medio de transporte de los habitantes. Los miembros de la Embajada del ciclismo de Dinamarca son una red de representantes del sector privado, público y sociedad civil que representan los últimos conocimientos de todas las áreas relacionadas con el ciclismo desde la planificación de bicicletas y ciudades amigables con la gente, hasta la creación de sinergias entre el ciclismo y el transporte público, la construcción de infraestructura segura, y el desarrollo de campañas exitosas y políticas municipales que motivan a las personas de todas las edades a usar la bicicleta en la ciudad.

Actualmente Copenhague es una de las ciudades en el mundo conocidas por el uso de la bicicleta como principal medio de transporte entre sus habitantes y turistas. De acuerdo con un reporte del 2017 alrededor de 9 de cada 10 daneses tienen una bicicleta para transportarse y solo 4 de cada 10 tienen carro. Anualmente en Copenhague los habitantes recorren en bicicleta cerca de 1,2 millones de km lo que es equivalente a dos viajes ida y vuelta a la luna, mientras que solo recorren 660.000 km en metro. 

El caso de América Latina y el Caribe en el ciclismo urbano

En América Latina existen muchos ejemplos de cómo este medio de transporte ha transformado ciudades y comunidades de forma positiva. Según el estudio Biciciudades desarrollado por el BID durante 2013 en 19 ciudades ALC, Bogotá es la capital con mayor infraestructura vial para las bicicletas con un total hasta de 376 kilómetros de carriles exclusivo para ciclistas. Montevideo, por su parte cuenta con 11,3 kilómetros de ciclovía permanente y alrededor de 2,5 kilómetros de ciclovía recreativa.

Actualmente, como parte de las políticas de sostenibilidad y equidad son varias las ciudades en América Latina que han implementado programas o campañas para promover este medio de transporte a través de bicicletas públicas y así ofrecer mayor acceso a todos los ciudadanos y aumentar los viajes en bicicleta en la ciudad. Guadalajara tiene un promedio de 212 mil viajes en bicicleta por día, Rio de Janeiro alrededor de 217 mil, Ciudad de México 433 mil, y Santiago de Chile está cerca de los 510 mil viajes diarios en este medio de transporte. Otras ciudades como México o Buenos Aires se han convertido en ciudades amigables con los ciclistas no sólo por el desarrollo de infraestructura sino también por la inversión en mobiliario innovador, estrategias pedagógicas para los ciudadanos, y políticas de seguridad tanto en las vías como en los estacionamientos.

A pesar de los esfuerzos que algunos gobiernos locales y grupos de la sociedad civil han llevado a cabo para promover la bicicleta como medio de transporte, en la mayoría de las ciudades de América Latina todavía existen muchos desafíos frente a la infraestructura vial y la demanda de la bicicleta por parte de los ciudadanos. En ciudades como Asunción tan solo el 5% de la población usa la bicicleta como transporte habitual, y en otras ciudades como Bogotá, Barranquilla, Ciudad de México y Montevideo entre el 2% y 3% de la población.

En este sentido, es necesario que los gobiernos mejoren los incentivos y las políticas para el uso de un transporte público y sostenible como la bicicleta. Aumento en la señalización, capacitación sobre las reglas de tránsito, planificación vial que integren el sistema público de la ciudad con las ciclovías, son algunos de los factores necesarios para aumentar y mejorar el servicio. Adicionalmente, un trabajo de concientización entre los habitantes que incluya mejoras en la seguridad ciudadana podría reducir los obstáculos y las externalidades negativas del porque un número limitado de habitantes usan la bicicleta como medio habitual de transporte. 

El transporte eléctrico como alternativa sostenible

Otro de los modelos de transporte sostenible que se está implementando en las principales ciudades del mundo y busca reducir los efectos ambientales como el ruido y la calidad del aire es el sistema eléctrico de transporte. Esta alternativa al combustible también representa una solución más económica con una eficiencia cercana al 90% al requerir menor cantidad de energía para realizar el mismo esfuerzo que los motores tradicionales.

Desde 1983 en Copenhague el transporte eléctrico está exento del impuesto de matrícula de vehículos (VRT) y actualmente existe un registro aproximado de 400 autos eléctricos en la ciudad. Adicionalmente, el gobierno local está buscando incentivar a más usuarios y proveedores del servicio promoviendo el desarrollo de infraestructura, estaciones de carga y la oferta de estacionamientos gratuitos, así como se están trabajando en los estándares y la legislación pertinentes para que la ciudad de Copenhague pueda ofrecer concesiones tanto a fabricantes de automóviles como proveedores de servicios que puedan contribuir a crear una infraestructura pública para este sistema de transporte y que en el largo plazo puedan asegurar el despliegue a gran escala en la ciudad.

Teniendo en cuenta los desafíos tanto de infraestructura como climáticos, la ciudad de Copenhague está cooperando con otros municipios y empresas tanto a nivel nacional como internacional. Dentro de la Unión Europea la ciudad está participando en tres proyectos con el objetivo de promover vehículos eléctricos y desarrollar una infraestructura de carga europea común, y un proyecto con el objetivo de promover los autos de hidrógeno. Además, Copenhague hace parte de la red C40 que trabaja para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Taller Urbano: Aprendiendo de la Experiencia Nórdica

Teniendo en cuenta las lecciones aprendidas en desarrollo urbano en Copenhague, la Red de Ciudades del BID ha organizado un encuentro de intercambio de conocimiento, en el que alcaldes y funcionarios técnicos de dieciséis ciudades de América Latina y el Caribe aprendieron de la experiencia urbana nórdica. El “Taller Urbano: Aprendiendo de la Experiencia Nórdica” se llevó a cabo del 27 al 29 de mayo de 2019 en las ciudades de Copenhague (Dinamarca) y Malmö (Suecia), en conjunto con el Fondo de Desarrollo Nórdico, la Confederación de Industria Danesa, Copenhague y Malmö.

Además de conocer las experiencias y buenas prácticas en desarrollo urbano sostenible de estas ciudades, el taller contempló visitas a proyectos en transporte sostenible, renovación urbana, agua, saneamiento y drenaje, espacio público, reciclaje, y vivienda de interés social. A partir de la experiencia urbana nórdica, pretendemos facilitar el aprendizaje en cuanto a sostenibilidad, competitividad e inclusión para una mejor calidad de vida en las ciudades latinoamericanas y caribeñas. Además del intercambio con autoridades locales, el encuentro contó con la participación de líderes en desarrollo. urbano sostenible de entidades internacionales, del sector privado, y de la sociedad civil.

La Red de Ciudades BID es una plataforma de conocimiento, relacionamiento y soluciones a nivel municipal que tiene como fin socializar el conocimiento, las lecciones aprendidas y las buenas prácticas en sostenibilidad ambiental, económica y social de más de 160 ciudades de América Latina y el Caribe. Desde la Red de Ciudades BID, prestamos apoyo a través de encuentros que promuevan el apoyo institucional, la innovación, las buenas prácticas y el intercambio de conocimiento entre el sector público, el privado y la sociedad civil para impulsar la demanda y las capacidades para préstamos urbanos e inversiones en las ciudades.

¡Aprende más de la experiencia urbana nórdica!

Fuente: Blog iadb (.org)

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