Antropoceno ahora

Pasar de un tiempo geológico a otro no es algo que pase todos los días

Contaminación 06 de enero de 2021
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Son procesos que exigen millones de años, fuerzas geofísicas enormes, a veces volcanes gigantes, derivas continentales o el impacto de un meteorito. Traen consigo extinciones en masa de especies, cambios radicales del clima. Nada de eso está pasando ahora mismo. Pero se multiplican los síntomas que apuntan a un cambio de tiempo. No es un debate entre geólogos, el concepto ha ganado fuerza; se alerta de que ya estamos en el antropoceno, en la época de los sistemas humanos, una fuerza dominante y autodestructiva, tan poderosa como las fuerzas geofísicas, con una capacidad superlativa de determinar el futuro del planeta.

Más allá de si el holoceno, esa época cálida y tan benigna para los humanos, ya es pasado o no, más allá de esos interesantes debates y de la conmovedora actualidad de la geología y la paleontología, los hechos y las evidencias hablan de una deriva, de una dirección hacia un colapso. Ya no somos viajeros en el coche de un planeta llamado Tierra, ahora tenemos el volante en nuestras manos. Las pruebas son de forense. La última, según expertos del Instituto Weizmann de Israel, tan cruda como real: la masa de lo que producimos, de nuestras casas, carreteras, coches y móviles, pesa ya más que toda la biomasa viviente del planeta. Ese es el nuevo y desolador «récord del mundo» de los humanos.

Sabíamos que había más agua almacenada en pantanos que toda la que fluye libre en los ríos, conocíamos el calentamiento de los polos y la acidificación de los mares, nuestras emisiones de carbono y el efecto invernadero. Como especie, los humanos han tenido ventajas competitivas y adaptativas evidentes, pero la huella que están dejando las sociedades humanas en el Planeta es superlativa, son el motor del antropoceno. La contención es parte de la solución para preservar las condiciones propias del holoceno; hay que ponerle límites al crecimiento, pensar otra forma de relación socionatural, a nivel planetario y comunitario. Sabemos que tampoco el Sol es para siempre. Pero responsabilizarse en ese afán muestra una ambición, un propósito de vida, un horizonte para la esperanza humana.

Fuente: Naiz (.eus)

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