Agricultura en las ciudades: una necesidad en los procesos de urbanización sustentable

Los procesos de urbanización hacen necesaria la formulación de planes holísticos de desarrollo de las ciudades, que brinden soluciones a asuntos apremiantes como la salud, la educación y las infraestructuras, y que, además, fomenten sistemas alimentarios resilientes con sustentabilidad económica y ambiental

Cambio Climático 03 de febrero de 2021
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El año 2007 marcó un importante hito que potencialmente tendrá alta influencia en el futuro de la humanidad: por primera vez en la historia, la población urbana superó el 50 por ciento del total de la población mundial. Este proceso de urbanización, por el cual la población y el área de una ciudad se expanden, es usualmente acompañado por la pérdida de zonas rurales, espacios no desarrollados o naturales que se convierten en zonas residenciales, comerciales o de infraestructuras de servicios para las ciudades. El proceso de urbanización genera problemáticas que exigen soluciones que garanticen disponibilidad de viviendas dignas y seguridad alimentaria.

Se estima que, para el año 2030, el crecimiento de las ciudades hará desaparecer entre el 1,8% y el 2,4% del área mundial cultivada y, aproximadamente, el 4% de la producción mundial de cultivos de importancia alimentaria. Estas cantidades representan el suministro de 2500 calorías a 300 millones de personas durante un año entero.

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Paralelamente, se prevé que, para el año 2050, la población mundial superará los 9000 millones de habitantes. Para poder suministrar las necesidades a toda esa población, se estima que los rendimientos de la agricultura deberán crecer aproximadamente un 70 por ciento en referencia a los niveles de producción alcanzados en el año 2016. Pero, si nos guiamos por algunas proyecciones, este aumento no podrá ser resultado de la incorporación de tierras agrícolas. Según datos de la Economics of Land Degradation Initiative, aproximadamente el 38 por ciento del total de la superficie terrestre son tierras agrícolas y se estima que, si la productividad agrícola de la tierra se mantiene en sus niveles actuales, sería necesario convertir seis millones de hectáreas de tierra (lo que equivale a la superficie de Noruega) en producción agrícola cada año hasta al menos 2030 para satisfacer la demanda. Mientras que los procesos de urbanización crecieron, las tierras para el uso agrícola disminuyeron: el valor de la tierra es más elevado para su uso urbano que para la producción de alimentos y, como consecuencia, la producción agrícola se ve desplazada a las áreas periurbanas y, posteriormente, a zonas alejadas de las ciudades.

Los procesos en los cuales hay pérdida de tierras agrícolas generan migración de zonas rurales a ciudades. Las familias que, debido a la merma de medios de producción, entran en situación de pobreza y falta de seguridad alimentaria buscarán alternativas. Cuando la agricultura familiar pierde importancia como medio de sustentación para las familias rurales, la migración se transforma en la herramienta principal y más disponible para la búsqueda de soluciones. En definitiva, se ve la migración como un proceso de diversificación de los ingresos familiares, y las remesas de los migrantes pueden servir para aliviar la pobreza e inseguridad alimentaria.

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¿Quiénes migran? En general, son las generaciones jóvenes las que buscarán una salida laboral en otros sectores de la economía. De esta forma, los individuos de más corta edad abandonan la agricultura de baja productividad y pasan principalmente a actividades informales en servicios de baja remuneración, que, por lo general, se desarrollan en zonas urbanas. Los bajos salarios conducen a la desigualdad económica, que se ve acompañada por el menor acceso a alimentos nutritivos, como frutas y verduras frescas, etc. A este panorama, se le suma la concentración en el comercio de alimentos (grandes redes de supermercados) y la volatilidad de precios, además de la falta de información relacionada con los aspectos nutritivos y de inocuidad de los alimentos, los procesos, lo que hace más profunda la brecha existente entre los sectores socioeconómicos de la sociedad.

Desde una perspectiva global, la agricultura urbana puede transformarse en una herramienta útil para mitigar los posibles efectos negativos (económicos y ambientales) de la urbanización. Ahora bien, ¿a qué llamamos “agricultura urbana”? Una definición posible es toda la producción de plantas o animales en las ciudades o cerca de ellas, ya sea para el uso personal o para la venta, ya sea con base en el suelo o hidropónica. De acuerdo con datos publicados por la Organización de las Naciones Unidas, la agricultura urbana se encuentra en un proceso de crecimiento y constituye, en muchos espacios urbanos, un componente de importancia económica y social que puede complementar la agricultura rural.

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En muchas ciudades, la agricultura urbana se está transformando en una herramienta que garantiza el abastecimiento básico de los hogares y, lo que es no menos importante, ayuda a contrarrestar la pobreza y la inseguridad alimentaria mediante la producción de alimentos y la generación de empleo e ingresos. Es, en definitiva, una forma de aumentar la seguridad alimentaria, especialmente en poblaciones vulnerables, dando además la posibilidad de enriquecer la dieta. Deben considerarse también aspectos ecológicos, ya que, a diferencia de los sistemas naturales que generan insumos y reciclan residuos, las ciudades son dependientes de sistemas y recursos externos. Será necesaria una agricultura urbana con prácticas que permitan el desarrollo de ciudades sustentables ambientalmente y que, en paralelo, puedan reducir el impacto ambiental negativo. Recordemos que las ciudades ocupan el tres por ciento de la superficie de la tierra, consumen más del 80 por ciento de la energía mundial y generan más de dos tercios de los gases de invernaderos, grandes responsables del calentamiento global y el cambio climático. La comunidad internacional, por medio del fomento de los Objetivos de desarrollo sustentable (ODS), marca claramente la necesidad de transformar las zonas urbanas en áreas sostenibles en términos ambientales y económicos.

A lo largo de la historia, la agricultura urbana suele resurgir en momentos de crisis económica. En este contexto, se transforma en una herramienta estratégica altamente accesible y efectiva para mitigar los efectos de la pobreza y la inseguridad alimentaria existentes en las megaciudades.

Fuente: Infobae (Argentina)

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