Antropoceno: el sello humano en la tierra

Sin embargo, aunque sea de forma imperceptible, la Tierra sigue cambiando y adaptándose a los agentes externos e internos que residen en su sistema

Contaminación 10 de agosto de 2021
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Se estima que han pasado 4.570 millones de años desde la formación del planeta Tierra, y durante este abismal periodo, la transformación de nuestro mundo ha sido impresionante. Poco o nada tienen que ver las condiciones naturales de esos primeros miles de años, en comparación con lo que conocemos en la actualidad.


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La iluminación de la Tierra deja patente la huella que el ser humano ejerce sobre el planeta


Es por ello que la Comisión Internacional de Estratigrafía emplea una escala de tiempo geológico, permanentemente revisada. En ella se puede hacer un seguimiento de todos los acontecimientos que han modificado nuestro planeta, como si de una biografía se tratase.

Y en el último capítulo de esa biografía, que aún sigue redactándose, aparecemos nosotros como especie humana, convirtiéndonos en agentes activos capaces de transformar el planeta. Así se reconoce a partir de 2000, cuando el premio Nobel de química, Paul Crutzen, popularizó el término “Antropoceno”.

Este término fue previamente acuñado por el investigador ecologista Eugene F. Stoermer, y se justifica mediante el hecho de que durante el Holoceno las actividades del ser humano han ido creciendo gradualmente, hasta convertirse en una fuerza geológica y morfológica significativa.

¿Por qué una nueva época geológica?

Según las afirmaciones realizadas por los expertos en distintos campos, la expansión del ser humano tiene su propia huella en nuestro mundo, y se prevé este registro perdure durante miles de años. Estos son algunos ejemplos:

  • Durante los últimos 3 siglos, la población humana se multiplicó por diez hasta llegar a los 6.000 millones, lo que se ha traducido en un aumento del ganado (1.400 millones de reses) y de las áreas urbanizadas.
    En pocas generaciones, agotaremos los combustibles fósiles que tardaron en producirse cientos de millones de años.
  • El ciclo del nitrógeno está descompensado. El nitrógeno que llega a la atmósfera procedente de combustibles fósiles y la combustión de biomasa es mayor de lo que la naturaleza puede asimilar.
    En torno al 30-50% de la superficie terrestre continental ha sido transformada por la acción humana.
  • Más de la mitad del agua disponible es usada por el ser humano.
  • Las actividades antrópicas han multiplicado por 1.000 el índice de extinción de especies en la selva tropical.
  • Los gases de efecto invernadero han aumentado sustancialmente en la atmósfera: el CO2 más del 30%, y el CH4 (metano) incluso más allá del 100%. Además, los gases CFC (clorofluorocarbonos) podrían haber destruido la Capa de Ozono si no se hubiesen tomado medidas de control internacionales.
  • La actividad pesquera elimina más del 25% de la producción oceánica en las regiones de surgencia (upwelling) y el 35% en las plataformas continentales.
  • El ciclo geoquímico del agua se ha visto modificado y puede constatarse en los sedimentos lacustres.

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Evolución de la temperatura desde que existe el ser humano. Fuente: IGBP


Considerando la magnitud de todos estos procesos y su perdurabilidad en el tiempo durante los próximos miles de años, Crutzen y Stoermer propusieron emplear el término “Antropoceno” para hablar de la actual época geológica.

En concreto, establecen el último tercio del siglo XVIII como el inicio de la época, aunque no descartan otras valoraciones, entre las que podría incluirse el Holoceno (la última y actual época del periodo Cuaternario) por completo.

No obstante, sostienen que durante los últimos dos siglos, los efectos globales de las actividades humanas son evidentes.

El Antropoceno y la geología histórica

Queda claro que los efectos del ser humano sobre La Tierra son visibles y los diferentes estudios aseguran que su repercusión ha modificado la biosfera, la geosfera y la atmósfera.

Sin embargo, uno de los escollos más inciertos para hacer oficial el Antropoceno reside en la valoración de la Comisión Nacional de Estratigrafía. Estrictamente, una época geológica suele reflejar cambios significativos en las biotas (conjunto de especies de plantas, animales y otros organismos) de cada periodo.

Además tiene una duración estimada de 13 a 35 millones de años. La pregunta es: ¿esta nueva época durará lo suficiente como para ser considerada como tal?

En este sentido, resulta prácticamente imposible estimar si los efectos del Antropoceno llegarán a prevalecer durante un mínimo de 13 millones de años, pues hasta ahora las épocas geológicas han sido datadas a posteriori mediante registros fósiles y sedimentarios.

La clave, según parece, es la aparición de una capa estratigráfica que contenga registros de la influencia del hombre, al igual que podemos determinar otras épocas mediante sus fósiles, como el trilobite o los dinosaurios, por ejemplo (a esta marca característica se le denomina Golden Spike en geología).


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Escala geológica durante el Cenozoico. Fuente: Geografía, Astrofísica y Cosmologia


Otra de las preguntas que cabe hacerse es: ¿dónde establecemos el inicio del Antropoceno? Ya sabemos la propuesta de Crutzen y Stoermer, quienes marcan la Revolución Industrial como el punto de partida.

Así lo muestra el incremento de la concentración de gases de efecto invernadero en los registros obtenidos de las capas de hielo glaciar (sobre todo CO2 y CH4). Además, dicha fecha coincide con la invención de la máquina de vapor.

Pero existen otros puntos de vista. Por ejemplo, se ha estado hablando del comienzo de la agricultura, hace aproximadamente 9.000 años, como posible inicio del Antropoceno, aunque bien es cierto que esta propuesta no cuenta con mucho respaldo, al tratarse de un fenómeno gradual.

La fecha con mayor aceptación parece ser a mediados del siglo XX, con el fin de la Segunda Guerra Mundial y la detonación de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, junto con los ensayos nucleares del Pacífico.

Tras estos eventos, hoy en día es posible encontrar elementos radiactivos esparcidos por todo el planeta, a través de la circulación atmosférica y oceánica.

Además, a partir de estos años, la aceleración industrial y tecnológica ha ejercido una presión cada vez mayor sobre el planeta, fruto del capitalismo y la globalización. Así pues, estos residuos quedarán registrados en las capas terrestres con el devenir de los años.

La herencia que dejamos para la Historia

Indudablemente, dejaremos huella en el planeta Tierra. Y si desapareciésemos como especie de su faz el día de mañana, otra especie inteligente sería capaz de reconstruir la historia geológica al igual que hicimos nosotros, y ver la marca estratigráfica que creamos: nuestro Golden Spike.

Este registro fósil sería identificable por albergar partículas radioactivas liberadas tras accidentes, bombas y ensayos nucleares, pero también se encontrarían huellas de CO2 y gases CFC, y muy probablemente restos óseos de ganadería avícola, como resultado de la creciente expansión de las granjas de pollos en gran parte del mundo.

A su vez, estaría formado por residuos como hormigón, cenizas, aluminio o plástico, elementos muy extendidos a partir de la segunda mitad del siglo XX, cuando la capacidad de transformación del ser humano permite modificar los elementos naturales prácticamente sin límites.


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Plastiglomerado. 


De hecho, ya se tiene constancia de una nueva roca producto de los deshechos de las actividades humanas: el plastiglomerado. Lejos de ser una broma, lo cierto es que la cantidad de plástico que arrojamos a la naturaleza es preocupante, sobre todo por su lentísima velocidad de degradación.

Por lo pronto se han podido encontrar plastiglomerados en las Islas Hawái, como consecuencia de la fusión del plástico, que actúa como una “pasta” que adhiere otros sedimentos rocosos, biológicos e incluso otros residuos sólidos.

El Antropoceno, si bien termina por denominarse de este modo, quedará patente en los estratos geológicos y no dejará dudas acerca de la presencia humana en la historia.

Es bastante probable que aquellos que encuentren estas evidencias fósiles dentro de unos miles de años, lleguen a conclusiones realmente críticas acerca de nuestro comportamiento como especie “inteligente”.

La raza humana podría ser analizada como plaga, una enfermedad planetaria que consume los recursos de su anfitrión, lo que desemboca fatalmente en la muerte de ambos. Ese es el futuro que nos espera si nada cambia.

Fuente: Geografia Infinita (.com)

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