Covid-19: las iniciativas que buscan reciclar las mascarillas

Múltiples organizaciones ya lo denuncian. Solo en 2020 fueron miles de millones de toneladas de mascarillas en los océanos. Y resta todo lo que queda en tierra

Contaminación 02 de marzo de 2022
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Gary Stokes, fundador de OceansAsia, muestra algunas mascarillas halladas en una playa de la isla Lantau, en Hong Kong.

El principal peligro son sus componentes que, si bien ha ayudado a controlar la pandemia, un solo barbijo puede demorar cerca de 500 años en descomponerse. Diversas iniciativas están surgiendo, en Chile y el mundo, para buscar su reutilización.

Con el masivo uso de las mascarillas, debido a la emergencia sanitaria a nivel mundial, surgieron distintas iniciativas y cuestionamientos desde diversas industrias. La moda se preguntó si era válido considerarla un accesorio y aparecieron con ello un sinnúmero de alternativas de la mano de diseñadores; apelando a la inclusión, otro grupo apuntó hacia qué tan eficientes eran los tapabocas, considerando que hay toda una parte de la comunidad con dificultades auditivas que necesitaban mirar los labios de la otra persona; y algunos comenzaron a motivar la propia impresión en 3D de barbijos, con distintos diseños y colores, entre otras.

Al final del día, más allá del Covid-19, el tema giró realmente en torno al diseño de estas máscaras. Pero hoy en día, habiéndose transformado en algo del día a día, que hay que cambiar luego de determinado tiempo y con gran parte de la población vacunada, la duda es qué sucederá con todos esos residuos que estamos generando en esta prevención y cuidado ante la pandemia.

Y los rastros ya se están viendo. Son cientos de vertederos alrededor del mundo los que están acumulando miles de millones de mascarillas. Y no solamente basureros, sino que el mismo circular por la calles, los peatones pueden encontrare al menos con un cubrebocas en el suelo. Para qué mencionar los mares de la Tierra, que ya todas las agrupaciones ambientalistas han denunciado durante estos últimos dos años una contaminación extrema en las aguas debido a estos artículos. Solo en 2020 se habrían fabricado unas 52 mil millones de mascarillas y se proyectaba, según estimaciones de la organización OceansAsia, que serían unas 1.560 millones que terminarían distribuidas en los cinco océanos. Eso, sin considerar otras aguas del Globo.

Lo peor es que estos desperdicios tardarían unos 450 años en descomponerse. Luego de eso, se transformarían en microplásticos, que afectarían a todos los distintos ecosistemas e incluso podrían dañar silenciosamente a la raza humana. Ya en mayo de 2021 la revista científica Journal of Hazardous Materials relizaba una publicación en la que evidenciaba la presencia de microplásticos en comida. El principal ejemplo en el artículo era el de arroz que, incluso lavado con agua purificada, mantenía los residuos.

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Pero ese es solo un ejemplo. Evidentemente, con el paso de los años y si aún no se toman medidas al respecto, la contaminación va a escalar a niveles peligrosos más que peligrosos. Y lo mismo debiese suceder con la preocupación que, mientras antes se encuentren soluciones, más pronto que tarde podrá intentar revertirse el factor de la huella ecológica. Y los cuestionamientos continúan.

De hecho, hay iniciativas al rededor del mundo que ya se están preguntando qué hacer con estos residuos y si son útiles de una u otra manera. Una de ellas, que fue publicada por la revista Energy Storage y que ha dado que hablar, es la de un grupo de científicos rusos, junto a pares estadounidenses y mexicanos, que lograron crear baterías de litio con materiales extraídos de mascarillas quirúrgicas. Y la lista sigue con alternativas, como la levantada en 2021 por Fraunhofer, en alianza con Sabic y P&G, en la que fabrican nueva resina de polipropileno a partir de antiguas mascarillas y que puede ser utilizado en la creación de nuevos plásticos.

E incluso la Universidad de Concepción, por ejemplo, levantó el año pasado el primer piloto de reciclaje de barbijos en Chile. Con ellas, que en su primera etapa dieron como saldo unos 145 kilos de residuos usados en pesca industrial, se realizaron maceteros o bandejas, entre otros. Fue la misma casa de estudios la que instaló un contenedor para depósito de mascarillas Unibag -reciclables y reutilizables-, para así poder proyectar e incentivar estos planes de descontaminación.

Alex Parnas, director de Emprendimiento del Centro de Innovación UC Anacleto Angelini, dice hay tres puntos en los que hay que focalizarse. Primero, señala, hay que pensar en la realización de mascarillas con materias primas que sean amigables con el medio ambiente y que luego sean biodegradables. Teniendo eso en consideración, todo lo que siga en la vida útil del protector será más fácil. Luego, hay que pensar en darle más de un uso a los barbijos, “y que no sea todo descartable, porque eso significaría que se está haciendo todo muy mal”.

Como universidad, asegura, han visto varios emprendimientos que han estado utilizando, por ejemplo, ozono para limpiar las mascarillas, eliminar con eso el Covid-19, y continuar con su uso. Y el tercer foco debe ser que se puedan reciclar, y argumenta que hay varias iniciativas que están separando las fibras con tal de poder generar diferentes productos, pero eso significa otros desafíos a nivel de emprendedores, por ejemplo. “Hay que procurar cuidar el proceso desde que se diseña un producto, pero no es solo eso, sino también que sus envases sean biodegradables”, plantea Parnas.

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Con respecto a lo emprendedores, dice que hay también un costo adicional por sacar los materiales de un artículo. Por ejemplo, a las mascarillas hay que sacarle la tela, el elástico, el metal, y poder separarlo de tal forma que sea reutilizable “y es todo muy caro”. “Hace falta una reglamentación y gobernanza, con leyes que generen este cambio, porque no podemos seguir con la cultura del menor costo y mayor desperdicio”, propone el creativo.

Además, asegura que los emprendedores se ven enfrentados a que tienen muy pocas herramientas para gestionar y poder hacer de esto un negocio que sea estable o que, al menos, no le signifique pérdidas. “De alguna manera, el Estado debe incentivar y apoyar a estas iniciativas a que puedan encontrar a que haya un nicho donde se pueda desarrollar el reciclaje”, añade.

El ingeniero comercial asegura que faltan leyes al respecto del tema, pero en cuanto comience a legislarse sobre el tema, espera que la situación sea una similar a la que se dio cuando se comenzó a implementar la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) -N°20.920- y la Ley de Bolsas Plásticas -N°21.100-, en la que la misma población y productores de distintos residuos tomaron cartas en el asunto. Ejemplifica con esta última, con la que se eliminaron las bolsas desechables en el comercio y se fomentó el uso de aquellas de materiales reutilizables, como de tela, nylon, polipropileno, entre otras, y que ya la ciudadanía tiene interiorizada para dar un nuevo uso.

Los desafíos de la industria

Santiago Innova, el brazo articulador del emprendimiento e innovación de la Municipalidad de Santiago, están en un desafío para buscar soluciones para los residuos de la pandemia. María Sepúlveda, directora ejecutiva de la iniciativa por la que pasaron Tika, Políglota, la empresa de inteligencia artificial Kauel, la aplicación de comunicaciones internas Redin, Intitech, entre otras tantas, dice que la idea es encontrar nuevas ideas para poder reciclar aquellos desechos que se están produciendo por la contingencia. Entre ellos, las mascarillas.

No es una produccion propia, la fuente es La Tercera (.com)

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