
Mapa que ilustra el lugar que ocupan los cultivos, las ciudades y los bosques

A mediados del pasado siglo, Norman Borlaug y un nutrido grupo de agrónomos estadounidenses sentaron las bases de lo que, años más tarde, sería bautizado como la "Revolución Verde". Borlaug y compañía plantearon la introducción de cultivos cerealísticos altamente productivos, abogaron por el empleo de pesticidas y fertilizantes, y sugirieron nuevas técnicas de irrigación. El resultado fue el despertar técnico del campo.
Uno que permitió multiplicar las cosechas, extender los cultivos y salvar de la hambruna a millones de poblaciones. Aquellas innovaciones transformaron nuestra relación con el medio de un modo intenso. Durante los mil años previos al siglo XX, el ser humano se había valido de menos de 1.000 millones de hectáreas para cultivar y dar de comer a su ganado. En 2019, la cifra superaba los 4.000 millones. Cuatro veces más, testimonio del avance técnico y demográfico de la humanidad.
Naturalmente, la revolución verde no ha estado exenta de externalidades negativas. Pese al singular reverdecimiento experimentado por los países occidentales, donde la agricultura ha pasado a un tercer plano económico, hoy la suma conjunta de pastos y cultivos ocupa la mayor parte de la superficie terrestre. Nada más y nada menos que el 34% de todo el suelo hábil del planeta Tierra.
Lo ilustra este magnífico mapa de Our World in Data, elaborado a partir de las estadísticas ofrecidas por el Banco Mundial y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). El trabajo evidencia la extensión de la actividad humana a lo largo y ancho del planeta. Sólo los pastos (27%) superan en extensión a los bosques (27%) y a las tierras desérticas (19%).
Le siguen de cerca los glaciares (un 10%), merced a las impresionantes dimensiones de la Antártida, los sotobosques y la maleza (8%), los cultivos (un 7%, la totalidad de China, Japón y el sudeste asiático), el agua dulce (un 1%) y los espacios urbanos (otro 1%). Resulta llamativa la preponderancia de las ciudades, una que irá a más en el futuro al concentrar a la mayoría de la población, cuando al suma de todas las edificaciones humanas apenas cubre la superficie de Libia.

Si nos fijamos únicamente en la "tierra habitable", es decir, la superficie donde los humanos pueden desarrollar de forma efectiva sus actividades económicas, el 50% está dedicada a la agricultura (el 23% de esta) y a la ganadería (el 77%). Una paradoja en la que incide el movimiento vegano. Pese a su desproporcionada importancia geográfica, la ganadería (la carne) sólo produce el 18% del consumo calórico mundial.
Los cultivos, gracias en parte a la Revolución Verde, nos entregan el 83% de la ingesta calórica utilizando apenas el 23% del terreno dedicado a la producción alimentaria. Pese a su declive en términos relativos, otro mapa de Our World in Data ofrece pistas sobre la tremenda importancia geográfica (y visual) de la agricultura. Países como España, Francia o Alemania, donde la actividad agropecuaria no supera el 3% del PIB, siguen dedicando entre el 47% y el 53% de su terreno a cultivos o pastos. Una dinámica extendida por todo el orbe occidental, con pequeñas excepciones (Canadá o los países nórdicos).
Los mapas, en fin, son una valiosa herramienta para entender la forma en la que ocupamos el terreno de la Tierra, los usos que le damos, y el inmenso hito agrícola que la humanidad consumó a lo largo de los últimos cien años.
Fuente: Magnet (.xataha.com)


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