Economía Circular, la otra alternativa del crecimiento

El modelo de economía circular se propone utilizar la producción en circuito cerrado para mantener los mismos recursos durante el mayor tiempo posible; desvincular el crecimiento del consumo de esos recursos finitos, mantener los productos y materiales en uso y regenerar los sistemas naturales y promete una mejora en la seguridad de los suministros de materias primas, innovación, crecimiento y empleo

Reciclado 11 de abril de 2022
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La mejor manera de incorporar el concepto de la economía circular es por contraste con la economía lineal de la que venimos hace siglos, a través de las sucesivas revoluciones industriales que experimentó el planeta, con costos y beneficios.

Ese modelo lineal, bajo el que creció la ciencia económica desde Adam Smith, se apoya en la capacidad del hombre de tomar recursos de la naturaleza, fabricar bienes, consumirlos y, por fin, desechar los residuos los residuos.

La consecuencia hoy son más de 2 mil millones de toneladas de residuos al año, según el Banco Mundial, que serán 3 mil 400 millones de toneladas hacia 2050.

Cada año se vierten 400 millones de toneladas de metales pesados, lodos tóxicos y residuos industriales en nuestros ríos. Y al menos ocho millones de toneladas de plástico acaban en nuestros océanos. 

La economía lineal era una manera de producir, pero también de consumir. Por ejemplo, la producción actual de materiales que usamos a diario representa el 45 por ciento de las emisiones de dióxido de carbono (el otro 55% depende de la transición energética hacia las fuentes renovables).

Los paneles especializados en ciencias ambientales muestran cómo el diseño de los residuos, el mantenimiento de los materiales en uso y la regeneración de las tierras de cultivo pueden reducir las emisiones en 9.300 millones de toneladas, equivalente a eliminar las emisiones actuales de todas las formas de transporte a nivel mundial.

Economía de la biodiversidad

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Un estudio muy reciente, el Informe Dasgupta sobre la economía de la biodiversidad, del economista británico Partha Dasgupta, nos resume la situación: el impacto humano sobre los ecosistemas y la biodiversidad necesitaría 1,6 Tierras para mantener nuestros niveles de vida actuales.

Tras la II Guerra Mundial, con tanta pobreza en África, Asia y América Latina, y Europa en ruinas, lo "natural" era centrarse en la acumulación de capital físico (infraestructuras y bienes) y humano (salud y educación). 

Con la mentalidad tradicional, introducir la naturaleza en los modelos económicos, el llamado capital natural, era añadir un equipaje innecesario.

Así las cosas, la economía circular viene a decirnos dos cosas: una, sabida, y es que los recursos son finitos, y que hay que pensar ya en qué haremos cuando se acaben. 

El otro elemento es alentador: podemos controlar ese doble riesgo de quedarnos sin recursos y destruir el planeta si creamos un círculo dentro del cual reciclemos sin desechar los productos que hayamos elaborado.

El modelo de economía circular se propone utilizar la producción en circuito cerrado para mantener los mismos recursos durante el mayor tiempo posible; desvincular el crecimiento del consumo de esos recursos finitos, mantener los productos y materiales en uso y regenerar los sistemas naturales y promete una mejora en la seguridad de los suministros de materias primas, innovación, crecimiento y empleo. 

Entra la geopolítica

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Experiencias de economía circular ya existen, pero en sectores muy localizados e incentivados por los Estados. Hoy se estima que la economía circular representa sólo el 8,6% de la economía global, pero según el Foro Económico Mundial ofrece una alternativa que puede reportar hasta 4,5 billones de dólares (trillions) de beneficios económicos hacia 2030.

Reproducir esas experiencias a gran escala plantea retos muy grandes: por ejemplo, cómo financiar este proceso de transformación, cómo involucrar a la economía privada y cómo darle gobernanza desde los Estados, entre otros.

Esa transformación también enfrenta límites, al menos a corto plazo: por ahora, el mundo sólo recicla el 13,5 por ciento de los materiales secos. 

Pero mientras los países pobres reciclan sólo 3,7 por ciento de los materiales secos, otros como Dinamarca llegan al 67 por ciento. Una expresión más de la desigualdad que impregna los problemas globales.

A su vez, hoy apenas la décima parte de las materias primas extraídas consiguen reciclarse y se vuelven a poner en circulación. 

Y aquí entra la geopolítica: ¿cómo convertir las vastas y complejas cadenas globales de valor (CGV) que estructuran la producción global hoy a la economía circular? ¿cómo incorporar a las grandes corporaciones multinacionales al nuevo modelo? Ahí ya asoma un desafío para el multilateralismo.

La sostenibilidad del planeta no asegura el objetivo de un desarrollo menos desigual que el de hoy. Así, las grandes corporaciones globales podrían reconvertirse a la economía circular sin perder su poder. Habríamos ganado tiempo para el planeta, sí, pero sin asegurar justicia social.

Al actual ritmo de producción, si consiguiéramos la hazaña de reciclar el 100 por ciento de los materiales que desechamos, en las próximas décadas seguiríamos necesitando extraer recursos naturales. Naturales y finitos. 

Pero también el impacto de la actividad y empleo, y por lo tanto el consumo que generaría la economía circular, terminarían por compensar el ahorro de recursos logrado en favor del ambiente. 

El imparable avance de las energías renovables que se integren a la lógica de la economía circular determinarán nuevos ganadores y perdedores en términos de geopolítica. Habrá disputas por esos nuevos recursos y los conflictos persistirán, como pasó con el petróleo, sólo que con otros actores.

En el antropoceno que atravesamos, garantizar la habitabilidad de la Tierra y una vida digna a todos los seres humanos constituye una responsabilidad esencial porque el fundamento de todos los derechos humanos es la dignidad en la igualdad, sea cual sea el género, la etnia, la creencia, la ideología, la edad.

Como dice el Papa Francisco, en su Encíclica Laudato Si, sobre la situación ecológica, declara que “hay que actuar hoy porque mañana podría ser tarde”.

No es una produccion propia, la fuente es Embajada Abierta (.org)

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