Así afecta el glifosato a las abejas de miel, según un estudio de la UBA

Las abejas de la miel son polinizadoras principales de muchos cultivos agrícolas, por lo que suelen estar expuesta a los múltiples agroquímicos que se aplican en las zonas rurales

Alimentos y Tóxicos 15 de junio de 2022
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Sin embargo, existen pocas investigaciones que abordan los impactos que estas reciben. Por eso, especialistas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) impulsaron un estudio sobre las consecuencias del glifosato, el herbicida más usado en el mundo, sobre el desarrollo de las larvas de la especie.

Para llevar adelante el trabajo, se criaron larvas de abeja en un laboratorio donde se les proporcionó a los ejemplares alimento con glifosato, una situación similar a la que podría ocurrir en un entorno agrícola. A partir de esto, los científicos detectaron que las larvas se desarrollaron con mayor lentitud. Es decir, muchas de ellas tardaron más en convertirse en adultas y alcanzaron pesos más bajos que aquellas que no ingirieron glifosato. 

“Los resultados muestran que, aun cuando las dosis que se utilizaron no fueron letales, las consecuencias a largo plazo serían negativas para la supervivencia de las abejas”, asegura Walter Farina, docente del Departamento de Biodiversidad y Biología Experimental de la Facultad de Ciencias Exactas  (Fcen) e investigador del Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias (Ifibyne-Conicet).


El glifosato reduce el desarrollo del sistema inmune de las abejas y pone en peligro la seguridad de las colmenas.


Sobre la base del trabajo, que fue publicado en la revista PlosOne y que surgió de la tesis doctoral de Diego Vázquez (Ifibyne-Conicet), Farina señala que al crecer más lentamente (hasta un 40 por ciento) algunas abejas podrían no llegar al estado adulto, y si lo consiguieran, lo harían con un tamaño pequeño (hasta un 30 por ciento). Esto implica niveles de reservas menores y un sistema inmune empobrecido, lo cual reduce la probabilidad de que la colmena sobreviva a períodos de bajos recursos y se pueda alterar su dinámica poblacional.

A pesar de que la información genética dentro de la colmena era la misma, Jorge Zavala, docente de la cátedra de Bioquímica de la Facultad de Agronomía de la (Fauba), detalla que “las abejas respondieron diferente a los efectos del glifosato. Esto se relacionó con la ocurrencia (o no) de situaciones previas de estrés de exposición al glifosato. El efecto tóxico de este herbicida también fue evaluado mediante el análisis genético de los insectos”.


Argentina es uno de los tres países que más glifosato usa en el mundo.


En ese sentido, según el investigador, todos los animales tenemos la capacidad de reducir el impacto de ciertas sustancias tóxicas que contienen los alimentos. “Por ejemplo, estos mecanismos nos permiten detoxificar la cafeína del café. Podemos detectar cuándo están funcionando al mirar la ‘actividad’ de ciertos genes. Los insectos también tienen esos genes, que les sirven para reducir la toxicidad de los insecticidas”.

Hasta hace un tiempo atrás, se creía que el glifosato sólo afectaba a las plantas, pero que en su investigación observaron los genes de las abejas para confirmar que tuvo un impacto tóxico (y negativo) para ellas. “Pudimos detectar efectos negativos a pesar de que usamos dosis de glifosato más bajas, incluso, que las que encontramos en las colmenas a campo”, dice Zavala.


El glifosato disminuye la capacidad de las abejas para percibir el dulzor de un néctar.


Junto a Estados Unidos y Brasil, Argentina está en el podio de los países que más utilizan glifosato, forma parte de la categoría de herbicidas de amplio espectro. Por su toxicidad, desde el 2015 este agroquímico está considerado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “probablemente cancerígeno para seres humanos y animales”. En nuestro territorio, en la actualidad se aplican unos 240 millones de litros de glifosato sobre más de 28 millones de hectáreas cultivadas. 

De acuerdo a Farina, “a partir de investigaciones similares a la nuestra sabemos que las abejas expuestas al glifosato pueden tener dificultades para percibir el dulzor de un néctar y también para aprender la relación entre un olor floral y la recompensa. Esto agrava la situación de las polinizadoras, ya que la flora nativa en los agroecosistemas está empobrecida y cada vez se deben esforzar más para hallarla”.

Las colmenas sufren, incluso, consecuencias negativas más complejos que los que hallaron en sus estudios en laboratorio ya que en los campos existe una complejidad mayor. “Se aplica más de un agroquímico y las colmenas sufren muchos otros estreses que producen respuestas diferentes en las abejas. Por ello, a futuro vamos a continuar y profundizar estas investigaciones conjuntas en lotes productivos”, concluye el investigador, cuyo trabajo pone en relieve otra víctima más del polémico herbicida. 

No es una produccion propia, la fuente es Foro Ambiental (.com)

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