
El Mundial 2026 podría ser el más contaminante de la historia
Marcos Bach
El Mundial 2026, organizado por Estados Unidos, México y Canadá, expandió el torneo de 32 a 48 selecciones y de 64 a 104 partidos, distribuidos en 16 sedes separadas por hasta 5.600 kilómetros entre sí (la distancia entre Vancouver y Miami) y cuatro husos horarios distintos. Según el informe de los laboratorios de ideas New Weather Institute y Scientists for Global Responsibility, esa dispersión geográfica llevaría la huella de carbono del torneo por encima de los 9 millones de toneladas de CO2 equivalente, casi el doble del promedio de los últimos cuatro mundiales. Otra consultora, Greenly, estimó la cifra en 7,8 millones de toneladas. En ambos casos, más del 85% del total proviene del transporte aéreo, que podría crecer entre un 160% y un 325% respecto a ediciones anteriores por los traslados de jugadores, cuerpos técnicos, prensa y millones de hinchas.
La comparación con ediciones pasadas es reveladora. Rusia 2018 emitió cerca de 2,16 millones de toneladas de CO2, el equivalente a unos 465.000 autos circulando durante un año, con más del 80% de esas emisiones originadas en los traslados terrestres y aéreos de los visitantes. Qatar 2022, por su parte, fue promocionado por la FIFA como el primer Mundial "carbono neutral", con una huella oficial de 3,6 a 3,8 millones de toneladas.
Sin embargo, en 2023 la Comisión Suiza de Lealtad declaró que esa afirmación de neutralidad era infundada, y la organización Carbon Market Watch encontró que la FIFA había subestimado por un factor de ocho las emisiones derivadas de la construcción de los siete estadios nuevos que se levantaron para el torneo; algunos monitores independientes ubican el impacto real cerca de los 10 millones de toneladas. En materia de residuos, Qatar sí mostró un resultado más sólido: el comité organizador aseguró haber reciclado cerca del 80% de los más de 2.000 toneladas de desechos generados en los ocho estadios, reemplazando plásticos descartables por alternativas compostables y reutilizables.
El contraste entre 2026 y sus antecesores no es casual: mientras Qatar concentró los partidos en un radio de pocos kilómetros, y Rusia mantuvo el formato clásico de 32 equipos, el Mundial actual apostó por el crecimiento y la dispersión, justo los dos factores que más multiplican la huella de carbono de un evento deportivo.
El próximo desafío llega antes de lo que parece. El Mundial 2030, que celebrará el centenario del torneo, se disputará en Marruecos, España y Portugal, con partidos inaugurales en Uruguay, Argentina y Paraguay: tres continentes y seis países en una sola edición, una dispersión aún mayor que la de 2026. Especialistas ya advierten sobre la tensión entre este formato y los propios compromisos de sostenibilidad que la FIFA dice impulsar, incluida su meta declarada de reducir sus emisiones a la mitad para 2030. Para que esa meta no quede en un anuncio más, el próximo Mundial necesitaría una metodología de medición de emisiones estandarizada e independiente —no autodeclarada— antes del torneo y no después; priorizar estadios ya existentes por sobre construcciones nuevas; itinerarios de partidos diseñados para minimizar los vuelos entre sedes; financiamiento verificado de proyectos reales de reforestación o captura de carbono, auditados por terceros; y compromisos concretos de gestión de residuos en los seis países sede, con metas de reciclaje que igualen o superen el piso que dejó Qatar.
Aún no estés en el próximo mundial de fútbol, si vas a viajar, prioriza tren o transporte compartido cuando sea posible, y exigí a marcas y organizadores transparencia real sobre cómo miden —y compensan— su huella de carbono, en lugar de conformarte con la etiqueta "carbono neutral".


Italia dicta una sentencia histórica: 11 exdirectivos de Miteni, condenados a 141 años de cárcel por envenenar el agua


Microplásticos en el aire: una exposición diaria que podría superar las 68.000 partículas según un estudio


Un estudio sugiere que los hombres franceses contaminan más que las mujeres



3 startups latinoamericanas que usan IA y satélites para frenar la crisis climática



