Argentina es deudor financiero pero acreedor ambiental

La inclusión de la variable clima en la medición de los riesgos soberanos en todos los países, utilizando la metodología de Standard & Poors, mejoraría sustancialmente la calificación de la Argentina.

Contaminación 03 de mayo de 2021
Arboles/Bosques/Selva
Arboles/Bosques/Selva

En la llamada Cumbre de Líderes sobre el Clima, una conferencia virtual organizada por la Casa Blanca con la participación de 40 líderes mundiales, el presidente Alberto Fernández propuso impulsar una serie de acciones, a diferentes niveles, para enfrentar el cambio climático global.

Entre varias medidas, el Presidente planteó que los países reciban pagos “por servicios ecosistémicos” y también que se incorporen a la mecánica de los organismos financieros internacionales los “canjes de deuda por acción climática”.

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Las propuestas de Fernández van en la dirección correcta, pero se puede ir por mucho más. El desafío ahora es que su propuesta se entienda con claridad: en los círculos de la política global ambiental, lo que se ha interpretado del discurso de Alberto Fernández es que, aún queriendo denunciar el funcionamiento perverso de la lógica de la deuda, su mensaje ha caído en más de lo mismo: pidiendo ampliar plazos y quita de intereses y, desempolvando, sin demasiada claridad, la idea de los canjes por acción climática.

Recursos naturales

En rigor, los bonos verdes (en diferentes formatos y composiciones) existen desde hace varios años. Sin embargo, los mercados de deuda soberana están rezagados y los instrumentos vigentes ofrecen poca o ninguna oportunidad para los emisores de capitalizar mejoras en su stock de recursos naturales o mejoras de sus performances en términos de naturaleza y clima, con la consecuente mejora de su riesgo soberano. 

Esta situación quedó expuesta desde un espacio de pensamiento inesperado: un estudio que realizó la Universidad de Cambridge sobre la inclusión de la variable clima en la medición de los riesgos soberanos en todos los países utilizando la metodología de Standard & Poors. El resultado fue que la gran mayoría de los créditos soberanos se verían significativamente desmejorados, salvo tres países, entre ellos, Argentina, que vería un aumento significativo en su valuación crediticia.

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Por su parte, los grupos que definen los flujos financieros hacia los países en vías de desarrollo (FMI, Banco Mundial, BID) saben que los estímulos fiscales necesitan continuar para alcanzar una recuperación “verde, inclusiva y justa”, sin “atajos socioambientales”. El problema es que aún no saben cómo hacerlo. Lo que sí está claro es que aplicar el modelo de ajuste que propone el Consenso de Washington sólo provocaría más pobreza y más inequidad.

En este contexto, la Argentina podría plantear otra forma de resolver sus problemas de endeudamiento ya que, en lo que respecta al capital ambiental, cuenta con reservas que le permiten mostrarse como uno de los pocos países con una huella ecológica positiva. O sea que, bajo esta mirada, la Argentina es un deudor financiero pero un acreedor ambiental. 

Soberanía

Avaaz entiende que desde esta posición, el país tiene la posibilidad de innovar ante sus acreedores internacionales y plantear un esquema de compensación del valor financiero de su deuda soberana en función del valor de sus activos ambientales, sin que ello signifique pérdida de soberanía.

Desde la perspectiva del realpolitik global coyuntural, lo que la Argentina no puede hacer es pretender cambiar, por lo menos en el corto plazo, las reglas financieras existentes. El desafío del gobierno argentino es pensar creativamente para resignificar los esquemas de intercambio pero dentro de la arquitectura financiera internacional, y con ello promover la idea entre los países ricos de que, pagar por la protección de las barreras naturales que aporta la biodiversidad es más barato que atender las crisis sanitarias que generan las pandemias.

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Esta idea expresada en números indicaría que migrar a un modelo carbono neutral y reducir la tasa de pérdida de biodiversidad actual a niveles sostenibles costaría 5 billones de dólares anuales hasta el 2030, lo que representa el 40 por ciento de lo que se gastó en un año para la atención de la crisis sanitaria en los países ricos. La Argentina no sólo puede, sino debe tener un rol determinante en una discusión que definirá el futuro no del país y de todo el Sur Global.

Fuente: Diario Pagina 12 (Argentina)

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