
Investigadores del MIT y de Harvard revolucionan la conversión de CO2 en combustible ecológico
Marcos Bach

La lucha contra el cambio climático nos impulsa a explorar soluciones innovadoras para reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera. Se ha dado un importante paso adelante con el desarrollo de un proceso para convertir directamente el CO2 en formiato, un combustible sólido y estable que puede almacenarse para su uso futuro.
La caza del carbono ha comenzado
Descubrir formas de extraer CO2 del aire o de las emisiones de las centrales eléctricas y convertirlo en algo útil es uno de los retos a los que se enfrentan los investigadores. Convertir el CO2 extraído en un combustible estable capaz de sustituir a los combustibles fósiles en determinadas aplicaciones es igualmente relevante.
Sin embargo, como explican desde Meteored, la mayoría de los procesos de conversión han chocado con problemas de eficiencia del carbono o han producido combustibles difíciles de manejar, tóxicos y/o inflamables.
Un equipo de investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y de la Universidad de Harvard dio recientemente un gran paso adelante al desarrollar un proceso revolucionario capaz de transformar el CO2 en un combustible sólido llamado formiato. Este avance, descrito en la revista Cell Press Physical Sciences, podría resultar crucial para reducir nuestra huella de carbono y nuestra dependencia de los combustibles fósiles.
Un nuevo proceso eficiente al 90%
Hasta ahora, capturar y convertir el CO2 en combustible ha sido uno de los mayores retos, debido a la ineficacia de los procesos existentes. Afortunadamente, el nuevo proceso desarrollado por estos investigadores alcanza una impresionante tasa de eficiencia de carbono superior al 90 %.
El proceso comienza con la captura mediante una solución alcalina para concentrar el CO2 procedente de fuentes concentradas, como las emisiones de las centrales eléctricas o el aire atmosférico.

Este trabajo podría suponer una revolución en la reducción de la huella de carbono.
El resultado es bicarbonato metálico líquido, que se convierte electroquímicamente en formiato de potasio o de sodio líquido utilizando energía baja en carbono, como la nuclear, la eólica o la solar. A continuación, esta solución líquida altamente concentrada se transforma en un polvo sólido muy estable.
Se trata de un avance significativo que elimina la necesidad de etapas de calentamiento ineficaces, al tiempo que permite convertir el CO2 directamente en formiato.
El nuevo proceso resuelve algunos de los principales problemas encontrados en anteriores intentos de convertir el CO2 en combustible. Alcanza eficiencias de carbono superiores al 90 %, elimina la necesidad de una etapa de calentamiento ineficiente y produce un combustible no tóxico y fácil de almacenar. Este proceso ofrece una esperanza real en la lucha contra el cambio climático y la reducción de nuestra huella de carbono, al tiempo que allana el camino para una transición energética más sostenible.
Y boom: ¡el producto resultante es estable!
La producción industrial de formiato satisface la necesidad de agentes descongelantes para carreteras y pavimentos. El formiato es un material líquido o sólido que también puede utilizarse de forma similar al hidrógeno o el metanol para alimentar pilas de combustible y generar electricidad. Este combustible no es tóxico ni inflamable y es fácil de almacenar y transportar, lo que abre un amplio abanico de aplicaciones potenciales.
El formiato es especialmente prometedor como portador de energía por su estabilidad y seguridad. Puede almacenarse durante largos periodos sin pérdidas significativas, a diferencia de otras formas de almacenamiento de energía, como el hidrógeno puro, que presenta importantes pérdidas de gas con el paso del tiempo.
Prueba de laboratorio satisfactoria
Los investigadores pudieron demostrar la eficacia de su proceso a pequeña escala en el laboratorio. Convirtieron CO2 en formiato potásico o sódico, un material estable y fácil de manipular. Esta demostración de laboratorio es un paso crucial que sugiere el potencial de esta tecnología innovadora.

Su estabilidad es un punto fuerte para el futuro.
La eficacia, seguridad y capacidad de almacenamiento a largo plazo de esta tecnología la convierten en una solución muy prometedora para combatir el cambio climático y reducir nuestra huella de carbono.
¿Cómo llevarlo a gran escala?
La cuestión ahora es cómo aplicar este proceso a gran escala. Investigadores del MIT y Harvard planean aplicar esta tecnología para suministrar calor y electricidad a viviendas individuales, industrias e incluso redes eléctricas. Esta ampliación promete vastas aplicaciones, desde unidades domésticas a pequeña escala hasta instalaciones industriales a gran escala.
La transición energética es esencial en la lucha contra el cambio climático, y este avance en la conversión del CO2 en combustible no contaminante podría desempeñar un papel crucial en la consecución de este objetivo. Los investigadores esperan que este descubrimiento contribuya a acelerar los esfuerzos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y crear un futuro más limpio y sostenible.




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