Un nuevo material vivo crece con luz solar y podría cambiar la forma de construir edificios

Un equipo de ingenieros ha desarrollado un sorprendente material de construcción que no solo está vivo, sino que también crece, respira y captura CO₂ del aire. Suena a ciencia ficción, pero ya está en pruebas reales y podría redibujar el futuro de la arquitectura sostenible
Construcción sustentable23/07/2025Marcos BachMarcos Bach
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Un nuevo material vivo crece con luz solar y podría cambiar la forma de construir edificios

MARCOS BACH

Imaginar un edificio que respira, crece y ayuda a limpiar la atmósfera ya no es solo parte de la ciencia ficción. Un grupo de investigadores de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich ha creado un innovador material de construcción capaz de realizar fotosíntesis, almacenar carbono y adaptarse como un organismo vivo. Este avance plantea una alternativa revolucionaria para reducir las emisiones del sector de la construcción.

La arquitectura que respira: cómo funciona el material fotosintético

El “material fotosintético vivo” es una creación que combina lo natural con lo artificial. Los investigadores integraron cianobacterias —organismos capaces de realizar fotosíntesis— dentro de un hidrogel especial. Este gel, compuesto por polímeros reticulados que transportan agua, nutrientes y CO₂, permite que las bacterias vivan y trabajen dentro de estructuras impresas en 3D.

La clave de esta tecnología está en su autosuficiencia. El material necesita solo luz solar, agua con nutrientes y dióxido de carbono para mantenerse activo. A cambio, produce biomasa y absorbe CO₂ del ambiente, convirtiéndose en una alternativa prometedora frente a los materiales convencionales que solo emiten gases contaminantes durante su producción.

El diseño digital y la impresión en 3D permiten controlar con precisión el flujo de luz y el acceso a nutrientes dentro del material, garantizando que las bacterias puedan sobrevivir por más de un año. Esta simbiosis entre biología y tecnología convierte cada pieza en una pequeña máquina de captura de carbono.

De laboratorio al mundo real: bloques vivos que almacenan carbono

Los primeros ensayos del material se han materializado en forma de estructuras similares a troncos, actualmente expuestas en el Pabellón de Canadá de la Bienal de Arquitectura de Venecia. Una de estas piezas alcanza los tres metros de altura y puede almacenar hasta 18 kg de CO₂ al año, una cifra comparable a la capacidad de absorción de un pino maduro.

Describe en Gizmodo, este desarrollo podría emplearse como revestimiento de fachadas en edificios, transformando sus muros en filtros vivos de carbono. Su gran ventaja es que no requiere sistemas energéticos complejos: las bacterias hacen todo el trabajo usando la energía del sol.

Los investigadores creen que este tipo de materiales vivos no solo cambiarán la forma en que se construyen las ciudades, sino también cómo se relacionan con el medio ambiente. Una arquitectura que no solo se adapta al entorno, sino que lo regenera.

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