No compremos más poliéster

Resulta complejo distinguir un tejido ecológico; ni siquiera las etiquetas del orgánico o el reciclado son la panacea

Noticias Generales 12 de abril de 2021
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Partiendo de la base de que el tejido más ecológico es aquel que no se compra, es cierto que podemos ser un poco más cuidadosos a la hora de adquirir ropa, si es que de verdad la necesitamos, y elegir aquellas prendas que hayan sido confeccionadas con materiales sostenibles. Eso sí, en esta tarea hay que reconocer que resulta bastante difícil saber cuál de ellos lo es y cuál no tanto. «Un tejido ecológico es aquel que ha tenido en cuenta los aspectos sociales y medioambientales en todas sus etapas, en su ciclo completo, es decir, desde su producción, pasando por la transformación y su uso, hasta que termina su vida útil», explica Gema Gómez, directora de Slow Fashion Next (slowfashionnext.com), plataforma que ofrece formación a aquellas empresas que quieren convertirse en una «marca de moda sostenible». La puso en marcha después de que comprobara con sus propios ojos en sus viajes por Asia cómo funciona una industria que está provocando «daños irreparables no solo al planeta, también a las personas».

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Ella misma reconoce la complejidad de distinguir los materiales que pueden considerarse ecológicos, «porque es cierto que los tejidos tienen diferentes característica, pero debemos fijarnos en otros muchos matices». Por ejemplo, aclara que no se puede meter en el mismo saco todo el algodón orgánico –un tejido orgánico es aquel que desde la plantación de sus fibras hasta su elaboración está libre de productos químicos perjudiciales–: «Porque no es lo mismo el algodón orgánico que se ha producido en Brasil y que está dando de comer a la comunidad, que no usa pesticida y que utiliza menos agua porque emplea la de lluvia, que otro algodón también orgánico producido alrededor del mar de Aral que no da de comer a las comunidades y que utiliza mano de obra infantil para su producción, como se ha dado el caso, y que, además, no tiene en cuenta la regeneración del suelo. Pues ese no puede ser considerado ecológico o sostenible». El mar de Aral que cita era el cuarto lago más grande del mundo, pero hoy sólo queda el 10% de agua porque la antigua URSS utilizó los dos principales ríos que lo alimentaban para regar los campos dedicados a esta planta.


CINCO TIPOS DE TEJIDOS MÁS ECOLÓGICOS

Algodón orgánico: Debe ser cultivado sin pesticidas, herbicidas ni fertilizantes químicos sintéticos. No usa plantas modificadas genéticamente, respeta los ciclos de la tierra con rotación de cultivos y para producirlo no usa blanqueantes ni tintes tóxicos.
Textiles a partir de fibra de leche: Creados con leche retirada para el consumo humano. Se transforma en una fibra similar a la seda, de ahí su aspecto brillante, suave. Puede combinarse con cachemir, auténtica seda, algodón, lana... para elaborar tejidos compuestos.
Tencel: Celulosa extraída de la pulpa de madera. Su proceso productivo es medioambientalmente responsable. Absorbe bien la humedad, es confortable y suave.
Bambú: La planta de la que procede es sostenible y crece rápido. El tejido que se obtiene es suave, absorbente, transpirable y con propiedades antibacterianas, adecuado para pieles sensibles.
Lino: Muy duradero y resistente a las plagas. Para crecer, la planta requiere pocos cuidados, tampoco mucha luz ni agua.


Así, admite que resulta algo complicado reconocer cuál es el tejido sostenible óptimo, sin embargo es bastante sencillo nombrar al que se ha convertido en uno de los mayores problemas del planeta: «El poliéster, que en ningún caso puede ser sostenible, pues desprende microplásticos cuando se lava, por la abrasión de la lavadora, ya que es un plástico, tereftalato de polietireno. Y estos microplásticos van por las tuberías a ríos y mares, donde se lo comen los peces que luego nos comemos nosotros. está también en la sal, lo respiramos, pasa a la placenta. Así que el poliéster, aunque sea reciclado, porque es verdad que ese resulta sostenible en la etapa de producción, no es en absoluto ecológico».

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Sobre este punto, incide la experta en que no hay que dejarse convencer tan rápidamente por las etiquetas que prometen materiales 'reciclados', ya que, aunque tengan aspectos positivos porque no estamos usando recursos, «seguimos sin solucionar el problema, ya que todos los químicos usados en su producción siguen estando ahí». Además, considera que ampararse en el uso de un tejido reciclado para seguir fomentando un modelo de consumo masivo, «no soluciona nada, solo compramos un tejido que no usa materia virgen, pero hemos de pensar en los procesos de transformación de las fibras, que comprenden el gasto de muchos recursos, entre otros energéticos. Con lo que usar una materia que ya existe es más sostenible, pero tampoco es la panacea».


El 70% de las fibras que se producen a nivel global son sintéticas, la mayoría poliéster, con un impacto enorme en el medio ambiente. La 'fast fashion' (moda rápida) genera anualmente en España un millón de toneladas de residuo textil.


Advierte la experta de que cualquier tejido que encontremos en el sistema de producción de la 'fast fashion' es poco o nada sostenible: «Todas estas cadenas fabrican con poliéster y fibras sintéticas. Y el 70% de las fibras que hay a nivel global son sintéticas porque se producen muy fácilmente pero con unos impactos enormes. Y ya no es solo la fibra, pues obviamente el poliéster es malo, sino que es también el volumen con el que trabajan estas cadenas y el modelo que fomentan, el de la compra rápida y masiva... Imagina lo que producimos y desechamos continuamente...».

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Recuerda que tiramos a la basura las materias textiles, precisamente las que tienen una tasa mayor de emisiones de CO2 en vertederos y en incineración, «una locura, y eso solo en la última etapa del ciclo de vida de las prendas». Calcula que este modelo de negocio genera en España más de un millón de toneladas de residuo textil al año. «De ahí que no solo debamos fijarnos únicamente en que los materiales y los procesos de fabricación sean sostenibles, sino en que el modelo también lo sea, que regenere y que fomente un consumo responsable».

Pero... ¿Cómo identificar los tejidos realmente ecológicos, si todos tienen sus pros y sus contras? «Bien usados, los orgánicos son fantásticos, porque regeneran los ecosistemas y fomentan la biodiversidad –continúa Gómez–. Si se hace correctamente estamos fomentando cultivos necesarios y útiles, que interaccionan y forman un ecosistema con otras plantas y apoyan la fauna silvestre y la biodiversidad. Porque si hablamos de sostenibilidad, no se trata solo del qué, sino del cómo y, por supuesto, de la cantidad».

Señala así que además de fijarnos en el material del que está hecha la prenda, deberemos mirar los procesos de transformación que se han necesitado para crear ese determinado tejido: los tintes empleados, el agua que se usa para estampar e imprimir... Por ejemplo, cita las fibras artificiales provenientes de materias naturales como la celulosa, «me refiero a que se obtengan de árboles, aunque también podríamos entrar a debatir aquí si esos ejemplares son los correctos plantados en determinada zona, pero si para esa transformación de pulpa de madera en un hilo, necesitas una cantidad de energía enorme... Insisto en que todas tienen puntos positivos y negativos». Apunta que las mejores telas son aquellas que no usan demasiada energía, cuanto más sencillas mejor, orgánicas, con tintes naturales y compostables, que el agua se recupere, que no generen residuos tóxicos...». Aunque para resumir prefiere citar a Vivien Westwood, diseñadora de moda británica considerada como la responsable de la estética del punk, cuando dijo: «Compra menos, elige bien y hazlo que dure».

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Con la ayuda de etiquetas y certificaciones

En la enmarañada labor de identificar los tejidos más sostenibles, cumplen un papel importante las etiquetas y certificaciones, «siempre que tengan un grado interesante de compromiso con el medio ambiente y la sociedad», puntualiza Gema Gómez. Explica que existen algunas etiquetas «que no son certificaciones sino programas de formación, de mejora, aunque sin objetivos claros». Pone como ejemplo a 'Better Cotton Iniciative' (bettercotton.org), «que no está asegurando en ningún caso la sostenibilidad del tejido, sino que ayuda a productores a que su algodón vaya siendo cada vez menos perjudicial para el medio ambiente». Se trata de una organización mundial sin ánimo de lucro que brinda capacitación sobre prácticas agrícolas más sostenibles a más de 2,3 millones de productores de algodón en 23 países y que supone alrededor del 22% de la producción mundial de algodón.

Señala la experta que tenemos certificaciones «más fiables y exigentes», como GOTS (Global Organic Textile Standard, en castellano 'Norma Mundial de Textiles Orgánicos'), que asegura que los tejidos están fabricados al menos con un 70% de fibras orgánicas. También está la certificación C2C o 'Cradle to Cradle', que significa 'de la cuna a la cuna', en contraposición a otros productos de consumo que serían 'de la cuna a la tumba', es decir, creados para ser destruidos. Las empresas que C2C certifica –con la evaluación del Instituto Científico Alemán Agencia de protección del Medioambiente (EPEA)– prometen aceptar los conceptos de circuito cerrado o economía circular. Y en un ámbito más social, existe 'Fair Wear Foundation', que se preocupa de las condiciones sociales de las personas que fabrican esos tejidos.

Fuente: El Correo (.com)

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