Miles de toneladas de ropa, consecuencia del fast fashion, son desechadas en el desierto de Atacama

El desierto de Atacama es ahora un cementerio de ropa abandonada

Moda Sustentable e Industria de la Moda 29 de noviembre de 2021
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En las profundidades del desierto de Atacama en Chile, se están formando nuevas dunas, pero no de arena, sino de la ropa de temporadas pasadas que no se vendió en el mundo. 

Apiladas en montones incalculables, las prendas desechadas llenas de toxinas y tintes no se biodegradan, debido a esto, se está creando un problema ambiental como consecuencia del fast fashion.

Según Al Jazeera, un estimado de 59 mil toneladas de ropa que no puede ser vendida en Estados Unidos o Europa, terminan en el puerto de Iquique, en la zona libre de Alto Hospicio, en Chile.

Esta provincia al norte del país es destino de una reventa que se hace en Latinoamérica de estos productos, pero solo 20 mil toneladas se logran comercializar en esa región del continente.

Lo que no se vende es enviado y a veces contrabandeado. Cuando ninguno de estos eventos sucede, la ropa se queda en la zona que las recibió en primer lugar.

No hay nadie que asuma la responsabilidad de limpiar los restos, ni de contemplar una solución al problema. Es de conocimiento general que la ropa tarda cientos de años en biodegradarse, si lo logra hacer. La municipalidad no quiere aceptar los textiles por contener químicos que no quieren usar.

Por eso, hasta 39 mil toneladas de ropa no vendida y sin posibilidades de comercializarse se quedan ‘atrapadas’ en el desierto de Atacama que es, casualmente, el más seco del mundo. Esto lo hace más susceptible a la contaminación.

Sin embargo, un chileno llamado Franklin Zepeda creó un proyecto llamado EcoFibra para atacar este problema ambiental específico, cuando muchos se han hecho la vista gorda. Su compañía hace paneles de aislamiento térmico y de otros tipos, usando la ropa descartada. 

Mientras nos sumergimos al consumismo, que es responsabilidad del fabricante, del consumidor y del sistema los problemas ambientales crecen. También los índices de trabajo infantil, otro problema conocido y no resuelto del todo.


Según un reporte de la ONU, detrás de la industria petrolera, la de la moda es la segunda actividad comercial que más genera contaminación a nivel mundial.


Un ejemplo conocido del mal aprovechamiento de recursos es que para fabricar unos jeans se usa más de 7 mil litros de agua. 

Respecto al cambio climático, la producción de ropa se cree que es responsable de hasta un 10% de las emisiones de carbono a nivel mundial, superior a la industria aeronáutica.

La utilización de químicos, que terminan en las prendas, también constituye un problema de desechos en aguas naturales.

Por ende, el costo es muy elevado para que la producción de ropa siga a este nivel. El fast fashion termina lentamente afectando el ecosistema sin un propósito mayor al de vender. La solución no se asoma a nivel macro, mientras el consumismo sigue como modo de vida.

Hace unos días, en el Single’s Day, el mayor evento de compras online que tiene China, las ventas superaron los 540.3 billones de yuanes, o 84. 4 billones de dólares.

Al menos, la conciencia crece, como el activismo y la rentabilización de la lucha contra este problema, que es un buen incentivo.

El modelo que adoptamos como modo de vida al comprar ha fracasado y compromete nuestro hábitat, sin un turning point más ético, con valores ambientales y sociales inculcados al consumidor, el problema empeorará.

No es una produccion propia, la fuente es Play Ground Web (.com)

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